martes, 6 de marzo de 2012

Esta es la hora.

Mi hora. Silencio. La gente duerme, televisiones lejanas, llantos ahogados, balbuceos incomprensibles frutos de una pesadilla, el tic y el tac. Debería irme a dormir, sí, yo también. El chorro de un pipí, la cisterna, un bostezo alargado, otra vez, el tic y el tac, el tic y el tac. Mañana temprano el despertador no perdona. La puerta del ascensor, la puerta de un piso, la base de datos de virus ha sido actualizada. No, mañana hay que madrugar, pero hace mucho tiempo que tengo que abandonar la sala justo a la hora que más me apetece el cócktel. El camión de la basura. Porque a mí a estas horas me apetece sentarme tranquila, empezar a coger palabras, una de aquí, otra de allí, una muy rara, una más llana, una blandita, otra mojada y con calma, esdrujular el ingenio y agudizarme el cerebro, tacatacatá, y cócktel tecleado. No quiero no escribir en mi blog.
Antes usaba esta hora... ahora qué. Clon. Cisterna.
jueves, 1 de marzo de 2012

Creciendo

Parece mentira que ya sea marzo. Marzo. ¡Marzo!
Abro la puerta, entro, mis pasos suenan con eco... ¿hola? Parece que el cuarto está vacío. Sí, hace tiempo que las palabras se han quedado suspendidas o en suspense en este cuarto solitario, pero eso no significa que yo no pase por aquí. Ha llegado marzo, marzo 2012, y cada día que pasa aprendo montones de cosas y siento que por dentro voy creciendo más y más. Como estos brotes de albahaca que me aventuré a sembrar en enero, cuando todavía hacía frío, y que desde que nacieron hasta hoy apenas levantan unos milímetros de la superficie de la tierra donde asientan y, sin embargo, ahí donde las véis, en unos días, con el calorcito de marzo, empezarán a crecer sin parar hasta que les broten flores y desprendan un aroma delicioso que impregnará mis mejores platos. Desapercibidas, sus raíces también irán creciendo porque sin ellas no existiría nada de lo que vemos.

Brotes de albahaca

Incienso

Orégano, Mejorana y Lavanda

Salvia

Como estas pequeñas plantitas que habitan en mi balcón absorbiendo sabrosa energía de los rayos del sol, yo intento ser. Por las mañanas me cuesta la vida levantarme, hay días mejores y días peores, pero hay que salir al mundo dispuesta a hacer la fotosíntesis, crecer por dentro y crecer por fuera, aunque sea despacito y con trabajo, aunque por el camino alguna hoja se nos ponga fea, sabiendo que siempre llegará la primavera y nos saldrán las flores y que, si lo hemos hecho bien, recogeremos frutos...
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