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domingo, 10 de abril de 2011

Pueblerinos por el mundo

Aquí estoy, en la capital, en esta ciudad gigantesca de calles abarrotadas que es Madrid. No sé si será por el buen tiempo que hace, que saca a todo el mundo a la calle, pero lo cierto es que no recuerdo haber estado en otro sitio donde las calles estuvieran tan, tan, tan agobiantemente transitadas en un día cualquiera. Mientras circulo a patita intentando esquivar transeúntes y visionando a un lado y al otro y al frente edificios enormes y fuentes colosales, se me vienen a la cabeza los días de peregrinaje por los caminos gallegos, tan relajantes, tan armoniosos, donde las únicas construcciones que encontrábamos, aldeas y pueblecitos aparte, eran los mojones con la inscripción del kilómetro correspondiente y lo único que podía hacernos detener el paso, un rebaño de vacas atravesando el camino.
Llegué el viernes, me vine en bus en un viaje que rozó las siete horitas. Y para no dejar duda de quien soy y de donde vengo, en mi macuto, dos bocatas olorosos, uno de lomo y otro de queso de cabra, hechos con amor por mi buena madre, que a las siete de la mañana me revolvían las tripas, pero que a las doce me cayeron como agua de mayo y me devolvieron la vida. El glamour ya vendrá cuando tenga que venir.
Venía yo con mi libraco, del cual no me queda mucho y que pensé zanjaría en el camino, pero el señor autobusero tuvo a bien ponernos una película... y yo, que en principio no mostré mucho interés, entre otras cosas porque iba sentada delante (donde les gusta a las viejitas) y para ver la pantalla tenía que estrujar mis delicadas cervicales como si fueran un muelle, acabé atrapada en el transcurrir de la peli sin poder parar de reír, refugiada tras las carcajadas de mi compañera de asiento que, por suerte, era mucho más escandalosa que yo. Desde que amanece, apetece era el título (que, por cierto, me hizo sentir ausencias). Con Gabino Diego, Arturo Fernández y Loles León... Y yo, aparte de por lo cómico de la historia, no podía parar de reírme identificándome con Gabino, que era un pobre muchacho de un remoto pueblo asturiano al que sus padres mandaban a la capital con una empanada casera para que prosperara y se hiciera un hombre (y vamos si lo hizo...) y para dos o tres cosinas más.
Me imaginaba yo -que no sabía ni a dónde venía porque la amiga con la que me quedo iba a recogerme a la estación y no me había dicho ni dónde vivía- saliendo de una parada de metro en un barrio chungo y encontrándome en un Madrid que nada tenía que ver con el que me había imaginado, teniendo que llegar a las situaciones más disparatadas para poder permitirme seguir en la ciudad hasta el miércoles e ir al Ministerio a coger mi plaza. Y me descojonaba yo sola. Más aun si me venía alguna ráfaga de aire con aroma a queso o lomo...
Pero nada más lejos de la realidad, al llegar, la pequeña Judith me esperaba como siempre, monísima y charlando por su blackberry mientras se colocaba el flequillo. Me trajo a su casa de un barrio bonito, me acogió con hospitalidad (y no como Arturo Fernández a su pobre sobrino) y después de comer y con los pies en la mesa, ambas nos pintamos las uñas de manos y pies, para que tampoco me quedase duda a mí, por mucho que venga del pueblo (del mío y del suyo) de a dónde he venido a parar (y porque nunca se sabe con cual de los veinte dedos tendré que pulsar el botón).
Y después, a disfrutar Madrid, que la estancia es corta.


martes, 22 de febrero de 2011

Saliendo del hoyo



Apenas tres días después del temido examen, por fin comenzó nuestro viaje. Y tras una noche muy corta, de pronto nos vimos en un taxi camino del aeropuerto con un taxista que intentaba sacarnos conversación, apenas a las cinco de la mañana...
A nuestra llegada, lo primero, frío, olvidos de parte del equipaje y señoras que intentan timarte al comprar un billete de tren. Superado todo esto... Brujas y su encanto de cuento de hadas.


Y su chocolate blanco, negro, etc..............


Y su cerveza con su consiguiente brindis.



Por Brujas. Por nosotras. Por lo que pasamos y lo que pasaremos. ¡¡Y por cómo nos lo pasamos!!
martes, 25 de enero de 2011

Sólo faltan unos días para...

... y volar hasta...

... y relajarnos por...
... y para cantar...


sábado, 9 de octubre de 2010

La duquesa fea y su enfermedad reumática

Amanecimos en Londres el viernes 24 de septiembre y, como no podía ser de otra manera, estaba nublado y llovía lo justo para tener que abrir el paraguas. A mí me parecía un día precioso.
Entre unas cosas y otras, acabamos en la National Gallery, ¿qué mejor lugar para pasar una mañana de lluvia? Integrantes del viaje, por ahora, Jorge, mi primo, su novia y yo.
Obviando algunas opiniones, pasamos un rato estupendo viendo cuadros de una sala a otra. Pero no os puedo engañar, maravillados por tanta belleza y un poco cansados de tanto Niño Jesús bendiciendo a su primo... la obra que, seguro, nunca olvidaremos será la siguiente:

Todo viaje encierra momentos, frases, pequeños accidentes, anécdotas que al final serán las que con los años recordemos por encima de tanto monumento. En nuestro caso, hay que añadir el cuadro, The ugly duchess de Quinten Massys, cuya imagen evocariamos constantemente en los cuatro días que aun nos quedaban por delante.
¿Lo mejor? Lo mejor es que a mi vuelta a casa, la busco en Internet para disfrutar más tranquilamente de tan sublime ilustración y descubro que la obra me va a acabar llevando hasta el manual de reumatología a estudiarme un tema que, por feo, me había saltado en su día... es tan dura la vida de un estudiante mir! Pues bien, os diré el por qué.
Tal y como pudimos comprobar mientras un monicaco enchaquetado explicaba alegremente para todo el que se acercara los detalles más minuciosos del cuadro Los Embajadores, la educación en la Gran Bretaña nada tiene que ver con esta la de nuestra querida España. ¡Allí se lleva a los niños a los museos y son ellos los que dan lecciones de arte!
Al parecer, la cosa no queda ahí, y en las facultades de medicina hay profesores que llevan a sus alumnos a la National Gallery a estudiar la fisonomía de los retratados... Así hacía el profesor Michael Baum de la University College de Londres cuando un día a un alumno le tocó hablar sobre este cuadro. Tras una investigación minuciosa con la que obtuvo la máxima puntuación, el estudiante expuso de forma convincente su teoría sobre el porqué de la fealdad de la vieja señora del retrato, que, según él, padecía la enfermedad de Paget, caracterizada por una anomalía en la remodelación ósea, que se vuelve excesiva y anárquica. Dedujeron, además, que debía tratarse de una mujer importante que pagara una gran suma por ser retrada, pues no tenía sentido si no pintar una imagen tan grotesca, difícil de vender, y con tanta delicadeza.
Y ahora es cuando yo iba a contaros un poco sobre la enfermedad de Paget!! Pero me parece que ya me he pasado de lo que estareis dispuestos a leer, así que lo dejo para otro día, eso sí, pendiente queda, que si no no me repaso el tema!! Además, pienso poner imágenes :P
Bueno, espero que os haya gustado.

viernes, 1 de octubre de 2010

Ya estoy aquííi-ííí!

Dear readers, I'm back!! Bueno, no os voy a engañar... en realidad volví hace unos días pero ¡tan cansada! que he tenido que dormir y dormir durante largas horas para reparar mi cansancio acumulado. Os prometí que a mi vuelta traería el equipaje lleno de aventuras que contar... bueno, alguna que otra os traigo (sólo digo que de algo se percatarían para que en el control aleatorio de pesar maletas tuviera que tocarme a mí!). Esta vez, sin embargo, he decidido no estresarme y condensar el viaje en una sola entrada llena de referencias rompecabezas y alusiones encriptadas con las que no os enteráis de nada. Así pues, iré contando poco a poco cositas que vaya recordando, momentos, anécdotas, invenciones y delirios míos germinados en las calles y recovecos de Londres.

Os dejo una fotillo dando toda la cara, que no siempre sale una tan estupenda, jaja. Como veréis, aun lloviendo me quedé fuera... insoportable el olor a meado de las cabinas londinenses (y sí, las imágenes que se ven dentro eran de tías en bolas).
lunes, 31 de agosto de 2009

El regreso

El extraño viaje al norte... parecía que aun estaba empezando y de repente terminó. Tal vez quisiérais conocer detalles, tal vez no. Lo cierto es que sólo por el hecho de no ponerme triste al recordar, no los daré. Os puedo contar algunas cosillas, no obstante...


Puedo hablaros de un mar que le había robado parte del azul al cielo y de un cielo que le había robado parte de la espuma al mar. Os puedo hablar sobre calles de escalones interminables y pendientes acusadas con barandas azules para ayudar a quien las transita. De unos helados gigantes que casi se deshacían más en la mano que en la boca, de una placita ambientada donde el amargo de la cerveza se mezclaba con el dulce de una piruleta, de una arena fresquita que a las cuatro de la tarde no te quemaba los pies, de tardes inolvidables de paseos irrepetibles... Puedo recordar la brisa salada que rozaba nuestras caras mientras desde el paseo mirábamos la playa, las olas, los barquitos... ay! Haré una pausa...

La niebla en que se sumergieran al empezar su viaje la Señorita Tulp y Almendra Puck (ya conscientes de sí mismas), no llegó a disolverse apenas en toda su estancia santanderina. ¿Dónde está nuestro sol?, se preguntaban, ¿El sol que ha de alumbrar nuestras mañanas? Pronto descubrieron que a falta de uno, tendrían dos y dentro del mismo piso! Increíble pero cierto, uno alumbraba de noche y el otro de día... cuándo el ocaso, pues? Lo vimos muy pocas veces...


Al fin salimos de la duda de que la ensaladilla rusa realmente no es rusa sino española y, hablando de comidas, aprendimos también que la paella sólo sale bien en Valencia y que todo lo demás podemos llamarlo paella si queremos pero en realidad es otra cosa... claro que no lo hemos comprobado... aun xD Yo por mi parte también descubrí las quesadas y los económicos productos de la marca Alteza. Mi riñón ha llegado a acostumbrarse a filtrar cantidades importantes de cerveza... debería aprovechar y mantener una constante de tolerancia o debo dejarlo definitivamente? Lo meditaré mientras hago como que estudio...



En la misma barca en que partimos, pero inmersas ahora en una bruma, no de incertidumbre, sino de tristeza, la Señorita Tulp y yo empezamos a sentir unas turbulencias que agitan sin piedad las aguas que nos arrastran... realmente no sabemos si están fuera o están dentro de nosotras, vienen de lo más profundo del mar o del fondo de nuestras almas? No lo sé... pero la vuelta se hace dura. Traemos tantas emociones en el equipaje, que si pesaran tendríamos que vender los ojos para pagarle a iberia. Y lo cierto es que en esta historia que se va de lo real a lo imaginario, las emociones pesan... por eso nuestra barca se hunde antes de llegar a casa... y tenemos que salir nadando, nos ayudamos la una a la otra, ya casi estamos, nos queda poco... tal vez en unos días logremos salir a flote...


Pues eso... escuchando esta canción, te digo adiós, Santander... e inevitablemente al final me pongo un poquitito triste...



PD: miremos el lado bueno, vuelve la actividad al cuarto! :)

sábado, 1 de agosto de 2009

Atravesando la Península

Justo en el momento en que la vida no podía parecerles más sencilla. Justo cuando sus cuerpos y sus mentes se habían acomodado ya a que los días transcurrieran lentos y sin compromisos. Justo cuando sus músculos estaban casi atrofiados de pasar tanto rato en el sofá y sus dioptrías comenzaban a dispararse a causa de un abuso excesivo de ordenador. Justo cuando el hígado de una de ellas clamaba a gritos una neurona compasiva que hiciera reflexionar a su cerebro y se apiadara de él, mientras que en la otra, era una pobre neurona la que pedía socorro y piedad para que sus compañeras, poseídas por un extraño demonio imaginario, no la destruyeran... Entonces, justo entonces, las protagonistas de esta nueva historia se embarcaron en una aventura desconocida en la que no sabemos qué podrá pasar.

Navegando por un mar de incertidumbre, juntas, siempre juntas, contemplaban pasivas cómo su barca se adentraba en una bruma espesa que pronto les impidió seguir viendo. Tanto que ya no sabían ni quién era quién. La Señorita Puck... Almendra Tulp... Qué extraño.


Mientras ellas aun navegan sin saber qué pasará; mientras viajan adormecidas por la espesura cegadora de la atmósfera que las envuelve... la trama del cuento va cociéndose a fuego lento en un mar de aguas cántabras. Y con ello, El extraño viaje al norte de la Señorita Puck y Almendra Tulp, no sabemos cuánto de real ni cuánto de imaginario, da comienzo.

Lo único (por ahora) malo de esta historia, es que no sé cuándo podré contaros más. Espero que sea pronto. Mientras tanto, este blog permanecerá en stand by (salvo por dos entradas musicales programadas para los días 10 y 20).


Un abrazo, amigos...
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