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domingo, 17 de enero de 2010

La desinreindesintegración

Parte 2 de 2.

Sentí horror, sí, no os lo niego, pero se fue como vino cuando vi las manos humanas que habían de convertirme en alimento. Eran las manos de mi madre, tan pequeñas y tan grandes, tan suaves, tan curtidas, tan cálidas pero tan frías... porque ¡ay! cuando sus dedos se hundieron en la masa que era yo, estaban frías como el agua que en invierno sale del grifo de mi casa.

Las croquetas de mi madre, las más ricas del planeta, ¿cómo iba a estar yo triste si iba a ser fruto del amor de su cocina? Con cariño me envolvió y me dio forma para luego echarme a un plato con huevo batido. Qué fresquito y qué suave... lo llamé huevoterapia. Fue como jugar en un charco sin miedo a mancharme la ropa o a coger un resfriado.

Acabó el baño de huevo y vino el de pan rallado. Insoportables cosquillas, tanto que casi hacían daño, creí que moriría de risa... Me acordé de Charada y sus aventuras en la playa, pero yo no pude hacer el ángel por carecer de los miembros necesarios para la hazaña.

Y al fin aquí estoy, amigos... ahora soy una Croqueta lista ya para inmolarse :)



sábado, 16 de enero de 2010

La desintegración

Parte 1 de 2.

Abrí los ojos y ya no era una persona. ¿Dónde estoy? Me pregunté. Todo estaba muy oscuro, olía a cebolla y a vinagreta, había un ruido constante de los que ponen de los nervios y hacía más frío que en la comunión de Pingu. No sentía las manos ni los pies, ni los brazos ni las piernas, ni la cabeza, ni nada. No podía moverme, era como si hubiese perdido todos los miembros y articulaciones. De pronto se abrió una puerta enorme y la luz se hizo. No sé qué me dio más miedo, si descubrir que estaba en una nevera o que formaba parte de un bloque de masa espesa y homogénea de rica bechamel. Inmersos en ella, mis ojos testigos de todo.

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