jueves, 13 de noviembre de 2008

Nuevo día va a empezar... distinto a los demás


Os sitúo. Serían aproximadamente las 8.55 h. de la mañana, con lo que ya me estaba saltando la primera clase del día, muy probablemente dermatología (igual a tortura china), y llegaba tarde a la segunda. Esto ocurrió hará poco más de dos semanas. Iba yo por el carril bici, feliz y contenta (y quizás un poco dormida...), con mi melena al viento, pedaleando en mi saeta de fuego amarilla, la primera a la izquierda ras, subiendo la cuesta de Santa Justa, ras... Sumida en un estado de semiobnubilación, pedaleaba mientras mi cuerpo intentaba vencer el sueño, el frío, el resfriado y la angustia de llegar tarde un día más, para no variar. Para colmo, una vieja amiga se cruza en mi camino en lo que podríamos traducir a lenguaje escrito como un yiuuuunnnn y me lanza un "Adiós piliiii" que se queda flotando en el viento en el espacio entre su bici y la mía. Miro atrás y una melena pelirroja se va alejando. Pimienta!! Qué de tiempo sin verla! Y no le he dicho adiós! No me he dado cuenta! Joder, pues casi me caigo por mirarla, mira que si le llego a decir adiós y me desestabilizo... mierda, qué frío, no me voy a curar nunca de esta maldita tos... Diossss, menos 3 minutos y todavía voy por José Laguillo... Y para colmo empieza a chispear y me tengo que poner el gorro de la sudadera y parezco un gnomo colocao...

No sé bien cómo pasó, el semáforo estaba en rojo para las bicis, pero no venía ningún coche... claro que no contaba con el espacio muerto que quedaba entre el gorro de gnomo y la patilla izquierda de las gafas... lo cierto es que empecé a cruzar y de pronto apareció un cuadriciclo que iba directo a por mi biciclo y que parecía que iba a aplastarme como si fuera un gusano. Todos sabemos lo que es un frenazo en seco... pero sabéis lo que es un frenazo en mojado? Es algo así como... "Tranquilo, señor conductor, usted pase por el otro carril, que ya me estampo yo solita en este pero, por favor, no me aplaste la cabeza... graciassss".

Y así fue. Viví la caída un poco a cámara lenta, aun estaba dormida... pero de pronto, PLASSHHH! me estampo con el suelo, pero estampada de verdad; más que estampada, impactada; más que impactada, incrustada. Como cuando vas en el coche y un pequeño mosquito colisiona con el cristal y se queda ahí pegado por mucho tiempo... pues así me quedé yo. Y fue maravilloso. Genial. El despertar. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien, tan viva, como si me hubieran quitado de delante un velo que me separaba del mundo y, cuando me levanté, de verdad tenía los pies en el suelo y mi cuerpo era más ágil y mi mente más clara.

Sentí cómo el Mundo me gritó "¡DESPIERTA, QUE HA EMPEZADO UN NUEVO DÍA!"

:)
martes, 11 de noviembre de 2008

Va de luces rojas.

Odio los númeritos rojos de la radio-despertador de mi escritorio que cada noche, mientras intento dormir con los ojos abiertos, me recuerdan que es tarde y que mañana tengo que madrugar y que otro maravilloso día ha tocado su fin sin que yo le haya sacado el partido que debería (sobre todo en cuanto a estudios se refiere).

El otro día mi madre me compró una regleta de esas en las que puedes enchufar varias cosas a la vez, pues la alargadera que yo utilizaba antes ha sido destinada a otra base de corriente eléctrica. Consternada, manifesté "¡Mierda! ¡Otra maldita luz roja!", pero... "oh, sorpresa!", el pilotito de la regleta, cuya intensidad luminosa yo intento apocar escondiéndolo detrás de un espejito, produce un curioso resplandor anaranjado en el rincón de mi cuarto que me recuerda a la luz que emite la bombillita con forma de llama que ponemos cada Navidad a los pies del Niño Jesús en el Portal de Belén de mi hogar familiar.

"Pero si tú ya casi ni rezas!", me digo yo... y la niña que hay en mí, sale y me dice con un tonillo de rintintín que sólo los niños saben poner "Sí, pero aun así, pensar en el Niño Jesús te tranquiliza, eeeh!"... Y al rato me duermo con una sonrisa feliz mientras mi ángel de la guarda vela por mí.

:)
PD: nunca subestimes el poder que puede tener un hombre que reparte Biblias en miniatura en la calle... nunca subestimes el poder de un Nuevo Testamento sobre tus manos xDD
martes, 4 de noviembre de 2008

El baile.

La luna creciente cuelga del cielo sin iluminar apenas, cediendo por esta noche todo el protagonismo al brillo de las estrellas. Mientras, descansa a lo largo de toda su curvatura, tumbada a modo de columpio, decolorada y mustia, tal vez porque desde allí arriba lo ve todo.
El viento sopla fuerte y silba al chocar contra mi cara, los búhos me miran escondidos, los murciélagos revolotean invisibles y por mi cuerpo corre entonces un escalofrío y mi alma se estremece por el miedo.
Pero me hago fuerte y venzo todos los temores porque, aunque esté sola en esta noche triste y fría del otoño, perdida en este bosque donde vine a refugiarme de los hombres, reconozco que entre estos árboles deshojados que parecen mecerse mientras duermen, he encontrado la paz. Entre sus cuerpos se cuela ese soplo que no cesa, que me trae aroma a mar, a tierra fresca, a pastos y que aspiro sin saciarme mientras camino sin rumbo por estos parajes.
A mis pasos van crujiendo los ramajos y hojas secas. Siento en las plantas de los pies el impulso nervioso de la tierra, la corriente natural que circula en el subsuelo, por donde fluye vida que no vemos, igual que fluye la sangre y se transmite la corriente por dentro de nuestro cuerpo. Cierro los ojos y me dejo llevar por el encanto. Mi pelo vuela, se despeina, se me enreda y de pronto mis manos, sin recibir orden alguna de mi cerebro, ellas solas, por su cuenta, sin saber yo bien lo que están haciendo, empiezan a dar palmas.
Yo no sé, no entiendo qué es lo que pasa. En un segundo mi ser cambia. El silbido del viento es ahora una voz desgarrada que entona en buen flamenco, del profundo, del que lleva sentimiento y los crujidos a mis pies son los acordes de la fiel guitarra acompañante. De los árboles dormidos caen hojas que se apiñan girando para formar remolinos que ascienden desde el suelo y hacen ondas con mi falda recordándome los volantes de aquel traje…
Mis brazos van subiendo lentamente y mis manos van dibujando espirales en el aire que permanecen flotando como hilillos de humo que envuelven mi cuerpo mientras bailo. Suavidad, gracia, ternura… vienen de la música, entran en mi cuerpo, directamente hacia el alma, y salen por las yemas de mis dedos, por mi cintura y por mi pelo, tal vez para subir después al cielo y consolar allí a los muertos que nos miran preocupados.
Ha empezado a llover, pero no importa. La lluvia toca ahora por mí las castañuelas, a la vez que mis dedos con brío emiten chasquidos acompasados al son de esta naturaleza salvaje que emborracha hasta la más ínfima de mis células, que me trastorna y me fascina. Inspiro profundamente, el cuerpo firme, brazos arriba, la cara alta y los ojos cerrados… ah, qué bueno el aroma a tierra mojada. Luego suelto el aire poquito a poco y sigo mi baile.
Me mojo. El pelo, la ropa, la cara. Da gusto sentirse libre, fuera de la vida ciudadana. Libre de noticias que entristezcan y confundan mi alma, libre de violencia, de ira, de rabia. Libre de ataduras que no sean de las sagradas. Libre de todo, hasta de mí misma. Libre casi para tirar piedras…
Abro los ojos y miro al cielo. Las nubes han tapado las estrellas. Cierro los ojos de nuevo. Me emociono sin motivo y entonces me doy cuenta de que estoy actuando como una excéntrica fantasiosa, que estoy loca, sí, y de remate. Dejo caer los brazos y me fundo con el agua dejando así caer también mi cuerpo.
Tirada en el suelo, empapada y derrumbada, lloro mientras se encharca mi alma. Por qué, por qué tengo que volver a casa.
Luna, tú que estás ahí tan a gusto, no me mires con esa cara. ¿Acaso no has sentido el extraño sortilegio que me ha envuelto unos minutos poseyendo mi cuerpo y mi alma? ¿Ni el dolor ni el sufrimiento que salían de esa garganta, ni ese lamento asfixiado que salía de la guitarra? ¿Era el grito de la tierra? ¿El del cielo? ¿De quién era? Tal vez fuese el de una joven que cantaba alguna pena, o el de un hombre solitario, o el de una gitana muerta, o el de mi alma… O el de la tuya, Luna, o el de la tuya, quizá porque desde allí arriba lo ves todo.
Cántame otra canción, Luna, y bailamos las dos juntas con el traje de hojas secas. Ya he pensado que esta noche no me iré a dormir a casa…
domingo, 2 de noviembre de 2008

Nostalgia.

No sé porqué ni cómo es posible, pero hoy me he levantado con la sensación de echar de menos todo aquello que no he tenido jamás, todo lo que no he visto o sentido. Al abrir los ojos esta mañana, me ha atormentado pensar que si todo se acabara hoy no habría vivido tantas cosas por no haberlo intentado siquiera.
Qué triste me siento al recordar aquel libro de poesías que hojeé en una librería y que no pude comprar por no llevar dinero. Quise tenerlo y deseé llevármelo para leer aquella noche en la cama, pero por pereza o abandono, nunca volví a por él.
Añoro esa puesta de sol que la Humanidad no ha contemplado jamás: todos los hombres unidos de las manos mirando al horizonte rojo con los ojos llenos de lágrimas, sintiéndonos de verdad iguales y necesarios los unos para los otros.
Extraño el eclipse de luna que nunca he visto y la aurora boreal que iluminaba el cielo del polo mientras yo veía la tele; extraño a la gente que vivió en mi casa antes que yo y a los que vivirán después; extraño mi pasado y mi futuro. Echo de menos aquel cuadro en el que yo salía pintada, aquel libro que escribiera en una noche de inacabable inspiración, todos los sueños que no se me cumplieron.
Siento no haber estado al lado de mis amigos cuando fingí escucharlos, cuando teniéndolos delante estaba en otra parte y cuando estando lejos quise tenerlos cerca. Echo en falta todos esos momentos tristes, alegres, aburridos o mágicos que no viví con los míos... con los tuyos... contigo... que no viví. Y añoro también a aquellos enemigos desconocidos que jamás dieron la cara, pero cuyas palabras llegaron hasta mí a través del viento y de las bocas de otros y me ayudaron a hacerme mejor.
Echo de menos no saber qué se siente cuando cae la nieve o al dormir sola en el campo sin más techo que el cielo o al hacer de pronto algo que nadie espera de ti. Aquel beso y aquel paseo.
Siento no haber estado con él cuando estaba contigo y no haber estado contigo cuando estaba con él. Siento no haberte tenido cuando me tuviste y que no me tuvieras cuando yo te tuve. Siento haberme equivocado de deseo al paso de la estrella fugaz.
Lamento no haber leído mi libro preferido y no haber escrito la poesía que un día quiso salir de mi interior pero que yo reprimí, quedando en ningún sitio para siempre. Añoro la ciudad que no visité, la risa que no reí y el llanto que me guardé.
¿Por qué pudiendo vivir aquel momento negué al destino? Echo de menos esa otra vida que podría haber vivido si en lugar de seguir mi camino hubiera elegido algún otro.
¡Son tantas cosas las que extrañamos sin haber tenido nunca! Intento seguir cavando en mi nostalgia, desenterrar todo aquello en lo que nunca he reparado pero que siempre ha estado ahí. He encontrado algo más. Le extraño a él. Ese que nunca me ha conocido. Ese al que tampoco yo conocí. Aquel a quien he querido en la oscuridad, como el me quiso a mí.
Hoy estoy triste; quisiera leer aquel libro, ver un eclipse de luna, sentir la nieve caer o conocerte.
Tal vez no lo logre todo, puede que me queden cosas por hacer, pero creo que he llegado a una conclusión. Y es que si la vida mañana me da otra oportunidad, me lo prometo, viviré. Pensándolo mejor... ¿es necesario esperar a mañana?
En fin, dejaré la historia por hoy, he de ir a la librería en busca de aquel libro de poemas...
viernes, 26 de septiembre de 2008

Una mañana en la escuela

Hoy he visitado a mi mamá en su lugar de trabajo. La mujer que me dio la vida enseña lo que hay que enseñar a diminutos seres chillones e hiperactivos que cuentan sus años con los dedos de una mano, pequeños terremotos que no pueden aguantar con el culo pegado a la silla más de medio minuto. Allí fui yo con la intención de poner a esas pequeñas criaturas minihumanas algún juego en el ordenador de la clase, pero aquello parecía misión imposible. De pronto mi madre me abandona y se va a hacer no sé qué y yo me quedo sola ante el peligro (con cara de tonta) rodeada de pequeños terroristas que me chillan "ahora yo, ahora yo, seño, tengo sed, tengo pipi, tengo caca, tengo mocos...!". ¡¡Pero bueno, niños, dejadme vivir y echaros p'atrás, que me pegáis los piojos!! ¿Se me olvidó daros ese dato? Resulta q es el tiempo de los piojos y algunos pobrecillos se ponen a tu lado a rascarse desaforadamente desde la frente hasta los hombros, atravesando sus despeinadas cabezas con sus uñas llenas de tierra. Y entonces yo empiezo a sentir un hormigueo (o debería decir piojeo?) por todo el cuerpo y casi parezco un mono rascándome y mirando a los enanos las cabezas. Puag! Y me digo a mí misma: No he nacido para esto (pura coña, quién fuera maestra!).
Por otro lado, también tengo que decir que son adorables cuando vienen corriendo hacia ti con su dibujo recién coloreado en mano para enseñártelo con toda la ilusión del mundo. Hasta que abren la boca para gritarte a la cara "Ahora la plashtttilina, seño!" y claro, inevitablemente, un chorro de saliva sale despedido en todos los sentidos a través de los huecos de su pobre dentadura.
Realmente hay que tener cuidado con estos minimonstruos, son peligrosos! Te engañan, te sobornan, te alaban con tal de conseguir lo que quieren! "Seño, qué guapa eres... puedo jugar al ordenador??" ¡Pero bueno, niña, eso sí que ser una falsa fan!
No, ya en serio, los niños son lo mejor del mundo. Si no fuera por ellos estaríamos perdidos!!! Ellos son la esperanza, la alegría, la ilusión, la inocencia! En definitiva... cómo me peguen los piojos se van a enterar!!!!!!!


PD: también he estado en la clase de mi padre (que fue mi clase en 2º de primaria, lo sé, muy fuerte xD) y a que no sabéis con qué se estaba guiando para enseñar a los niños?! con mis cuadernos!! los cuadernos en los que mi cerebro empezó a hacer sus primeros pinitos!! cuyas páginas están llenas de letras temblorosas y números sueltos y frases como "Quiero mucho a mi papá y a mi mamá porque me han enseñado a leer y a escribir"!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
jueves, 25 de septiembre de 2008

Heavy & love


Microrrelato.

Gonzalo era el guaperas de la clase, un joven apasionado por el rock y el heavy metal que se había propuesto aprender a tocar el bajo antes de los 20 y para lo cual no le importaba descuidar todas sus responsabilidades. Por supuesto, nunca había reparado en la existencia de su admiradora secreta, la solitaria Marina.

Una mañana, Marina pasaba tarareando la canción que la tarde anterior salía de la ventana de Gonzalo. Entonces se cruzaron y él la miró a los ojos y le sonrió. Desde ese momento el bajo pasó a un segundo plano y ella fue la solista de todas sus canciones hasta que duró el amor.


rock&love 4ever :)

martes, 23 de septiembre de 2008

Noticiario musical

Vuelve el Coro!! Qué alegría recibir un sms recordatorio diciendo que este lunes (osea ayer) el coro volvía a las andadas (aunque yo no pueda ir hasta el lunes q viene que no vuelvo a la city). He estado mirando los próximos conciertos anunciados para el nuevo curso y la verdad es que me ha entrado un poco el cague xq alguna que otra fecha choca un poco con mi calendario de exámenes... xo en fin, yo haré todo lo que pueda x no faltar y, x otra parte, espero q el espíritu sosegado de Buda me ayude a ello (a pesar de q el curso pasado me dejaran tirada xa ir a Huelva... q no se me olvida, no :P) Bueno, yo AQUÍ dejo un enlace xa que le echéis un vistazo y me digáis q al menos a alguno asistiréis.
Ya que he sacado el tema musical, contestaré aquí a un mensaje q me mandó el otro día Clarividencias y, de paso, le hago difusión. Leí el asunto del abono joven del Teatro de la Maestranza, pero tia, tú has visto el calendario de conciertos del coro?? yo paso de apuntarme a nada más xq no sé de dónde voy a sacar el tiempo! De todas formas he visto q está bastante bien, así que AQUÍ dejo la información correspondiente por si a mis otras dos lectoras les interesa xD
Y, por último, os informo (esto ya es x contar algo de mi vida) de que he solicitado una beca del coro con la que dan 500 leuros a cambio de vender tu alma a la universidad durante todo el año xq si te la dan tienes q asistir a todo, principalmente a los actos académicos... sí, esos que este año no he llegado ni a pisar. A ver si hay suerte y no me la dan, jajaja. La verdad es q no lo creo xq casi lo echo fuera de plazo y xq tienes q acreditar tus estudios de música y yo no tengo nada q lo haga (aunque lo tengo solicitado en mi ayuntamiento, eh!) y como lleguen a hacerme alguna prueba... entonces les digo que qué beca ni beca, si yo no he pedío naaaa!!!! ;)))
lunes, 22 de septiembre de 2008

Tarde de toros


¡Ayer fui a los toros! Y no es que a mí me apasione el mundo de la tauromaquia, pero la verdad, disfruté como una enana.

Empezaré por el principio de los tiempos: en Fregenal estamos de Feria. Cuenta mi humilde pueblo con una plaza de toros preciosa y antigua incluida dentro del Castillo templario junto a la iglesia de Sta. María de la Plaza y rodeada pues de almenas y torrecitas y de la mismísima Torre del Homenaje. Tras un tiempo sin toros, el Empresario (cómo suena, eh?) ha vuelto a apostar por un buen cartel en el que El Cordobés, Francisco Rivera y César Jiménez posaban con su mejor sonrisa. Y como mi padre quería ir y mi madre no quería acompañarlo y, por otro lado, mis amigos estaban todos destrozaos del día anterior y nadie se animaba a salir conmigo, pues allá q me fui con mi padre a los toros.

Salí de casa enfadada con mi madre porque me obligó a llevarme una bolsa con (atención): un cojín xa q no me doliera el culo de estar sentada en las gradas; un paraguas, por si llovía; una bolsa de gublins que pescó x allí y, lo mejor, un bocadillo de salchichón por si nos entraba hambre. Y todavía ella se enfadó conmigo porque no cogí una rebeca por si hacía frío y xq me fui con tacones y me podía matar x las gradas.

Allá que llegamos a la plaza, yo con mi bolsa a reventar en la mano y buscamos un sitio x la sombra (mismo precio q al sol y donde acabó haciendo frío... y yo sin rebeca, sí). Ni que decir tiene q casi me mato con los tacones intentando no pisar ancianitos hasta llegar al sitio q mi padre había seleccionado.

Yo no entiendo de toros, de toreros ni de tecnicimos del asunto, así que no voy a hacer aquí un comentario profesional de la corrida de ayer. Pero puedo hablar de lo que mis ojos vieron y de lo que sentí como una expectadora más. Puedo hablar del revuelo general que se percibe en los primeros instantes cuando sale el toro por la puerta enfurecido como la bestia que es y de la ilusión q se palpa en el ambiente esperando lo mejor de él y del torero. Puedo decir que disfruté viendo cómo el tal César Jiménez se movía con una elegancia que más bien parecía que estaba desfilando en la cibeles delante de un toro. Os puedo asegurar que sonreí con la sonrisa del Cordobés y con su gracia y simpatía y que se me encogió el corazón cuando el toro le pasaba más cerca de la cuenta.

Del que no os puedo decir nada es de Francisco Rivera, porque no vino. En su lugar pusieron a un apuesto muchachito de menos edad que la mía llamado Daniel Luque. Éste sonreía poco, pero tenía un coraje que le salía por las orejas. Hablando de orejas, al final le dieron las dos.

Por supuesto, a la media hora yo ya estaba con el cojín a la espalda y abriendo el bocadillo... después de comerme los gublins, claro. Todos los que estábamos por mi zona nos hartamos de reír cuando un hombre mayor empezó a gritar con una voz de ultratumba y la lengua medio de trapo "Muérelo, muérelo ya hombreee!!!" y todos diciendo muérelooooo!!! Un rato más tarde, mientras todo el mundo atendía enfrascado en los movimientos del capote, el mismo hombre nos hace perder el hilo cuando exclama "La Vigen, si me cayeran ahora dos huevos fritos y un cacho chorizo!". Mientras nos reíamos de pronto me sentí como si estuviera vivendo un momento de hace muchos años, de otra época y de otra vida... un momento como en blanco y negro. Con el pasodoble de la banda de música, con las risas entre ole y ole, con la ilusión de los viejos (aunque tb de los niños)... todo me pareció muy entrañable, pero...

De pronto se hace el silencio. El torero hace dos o tres pases y se levanta una nube de polvo que parece pasar página... apunta, calcula, mide, reza y... zas! le hunde la espada en el cuerpo. Daniel Luque se enfada con la cuadrilla porque empiezan a marear al toro y él quiere que éste se caiga sin más delante de su cara mientras él lo apunta con el dedo. Pero qué pena, Daniel, q no seas Dios, el toro no se va a morir xq tú lo apuntes con el dedo, se muere después de un rato de que presumas de tu arrogancia porque se está desangrando. Y, en silencio, todos presenciamos la muerte del toro, el animal enérgico que salió directo del cajón hecho una fiera, ahora derrotado bajo la mirada suficiente del torero y sepultado entre los aplausos y vítores de individuos de nuestra especie. Y le dan las dos orejas. Y yo reconozco que ir con mi padre a los toros no tiene precio y que me hace sentir la ilusión que él siente cuando el capote acaricia la arena y hace ondas con el viento. Y me río cuando le tiran al Corobés una gallina y éste la coge al vuelo. Y me emociono cuando los sacan a hombros por la puerta grande de nuestra humilde plaza... pero no todas van a ser de cal, amigos del toro... mientras las mulas arrastran al toro con la lengua fuera y su cadáver va dejando una rastro de sangre que da la vuelta al ruedo, yo me pregunto ¿quién es el animal?
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