sábado, 13 de diciembre de 2008

Foncho, el guardián de la montaña

Foncho vivía en una cueva fría y oscura que encumbraba una montaña allá por las tierras de Sierra Morena. En invierno, la humedad se filtraba por las paredes y salían musgos y líquenes que luego duraban todo el año y le servían de verde decorado. Todas las casas tienen un olor especial, un olor diferente que toda la familia lleva impregnado en su piel y en su ropa... en la cueva de Foncho este aroma era el de la tierra.
La cueva no fue su cuna, ni fue el medio rural el que pisó por primera vez. Lo cierto es que Foncho vio la luz rodeado de seres humanos en una familia como otra cualquiera. Lo separaron muy pronto de su mamá y estuvo varios meses con una familia de acogida. Ésta, pronto se cansó de él y lo dejó abandonado en una cuneta, siendo el pobre Foncho aun... un cachorro.
Un cachorro, no más. Pasó la primera noche sin techo ni cobijo, muerto de frío y de miedo. Al día siguiente encontró aquella cueva y, desde entonces, Foncho, el guardián de la montaña, comenzó allí su vida de perro ermitaño y guardián.

Libro de Poemas.

Versos que impactan, que hacen pensar, bien o mal pero, al fin y al cabo, pensar. ¿Quién a veces no ha tenido este sentimiento? Hay que ser valiente para escribir esto en tiempos revueltos.

PRÓLOGO

Mi corazón está aquí,
Dios mío,
hunde tu cetro en él, Señor.
Es un membrillo
demasiado otoñal
y está podrido.
Arranca los esqueletos
de los gavilanes líricos
que tanto, tanto lo hirieron,
y si acaso tienes pico
móndale su corteza
de hastío.

Mas si no quieres hacerlo,
me da lo mismo,
guárdate tu cielo azul,
que es tan aburrido,
el rigodón de los astros.
Y tu infinito,
que yo pediré prestado
el corazón a un amigo.
Un corazón con arroyos
y pinos,
y un ruiseñor de hierro
que resista
el martillo
de los siglos.

Además, Satanás me quiere mucho,
fue compañero mío
en un examen de
lujuria, y el pícaro
buscará a Margarita,
me lo tiene ofrecido.
Margarita morena,
sobre un fondo de viejos olivos,
con dos trenzas de noche
de estío,
para que yo desgarre
sus muslos limpios.
Y entonces, ¡oh Señor!,
seré tan rico
o más que tú,
porque el vacío
no puede compararse
al vino
con que Satán obsequia
a sus buenos amigos.
Licor hecho con llanto.
¡Qué más da!
Es lo mismo
que tu licor compuesto
de trinos.

Dime, Señor,
¡Dios mío!
¿Nos hundes en la sombra
del abismo?
¿Somos pájaros ciegos
sin nidos?

La luz se va apagando. ¿Y el aceite divino?
Las olas agonizan.
¿Has querido
jugar como si fuéramos
soldaditos?
Dime, Señor, ¡Dios mío!
¿No llega el dolor nuestro
a tus oídos?
¿No han hecho las blasfemias
Babeles sin ladrillos
para herirte, o te gustan
los gritos?
¿Estas sordo? ¿Estás ciego?
¿O eres bizco
de espíritu
y ves el alma humana
con tonos invertidos?
¡Oh Señor soñoliento!
¡Mira mi corazón
frío
como un membrillo
demasiado otoñal
que está podrido!
Si tu luz va a llegar,
abre los ojos vivos;
pero si continúas
dormido,ven,
Satanás errante,
sangriento peregrino,
ponme la Margarita
morena en los olivos
con las trenzas de noche
de estío,
que yo sabré encenderle
sus ojos pensativos
con mis besos manchados
de lirios.
Y oiré una tarde ciega
mi ¡Enrique! ¡Enrique!,
lírico,
mientras todos mis sueños
se llenan de rocío.
Aquí, Señor, te dejo
mi corazón antiguo,
voy a pedir prestado
otro nuevo a un amigo.
Corazón con arroyos
y pinos,
corazón sin culebras
ni lirios.
Robusto, con la gracia
de un joven campesino
que atraviesa de un salto
el río.


martes, 9 de diciembre de 2008

Malas noticias. LvhST.

No sabéis cómo me siento. La rabia me corroe y no puedo hacer nada. Tengo una mala noticia para vosotros, y es que tengo que dejar de escribir sobre la Señorita Tulp. Tal y como se han puesto las cosas en el panorama mundial, ahora mismo sería peligrosísimo que en un medio como este se cuente la verdad sobre su historia. Los malos la persiguen, quieren acabar con ella mientras se oculta no sabemos dónde, pero eso sí, su actividad contra la injusticia y la avaricia que está desequilibrando el mundo más y más, no ha cesado.

En algunos lugares su cara ya ondea en banderas que jóvenes pasean con fervor por las calles de sus ciudades. ¿Cómo no la habéis visto entonces? os preguntaréis. Es posible que a vuestra ciudad no hayan llegado aun... y en los medios de comunicación nunca encontraréis nada. Está totalmente prohibido. Lo prohíbe el gonbierno de los gobiernos. Lo prohíben los hombres antifaz. Ellos se han apoderado de todo. Han ido convirtiendo el mundo poco a poco en una fábrica de tristeza donde la única cultura, la única religión, el único sentimiento existente se llama tener.

Es muy arriesgado escribir esto aquí, pero mi conciencia me dice que lo haga. A mí no me van a callar. Estas palabras quedarán aquí para siempre, mas si no puedo seguir con esta historia es porque así les sería demasiado fácil localizarme. Y tenemos que protegernos, nosotros, los que estamos con ella, los que queremos que la humanidad siga conservando su dignidad, tenemos que andarnos con mucho cuidado porque ellos están por todas partes.

Algunos dicen que los han visto, pero lo cierto es que, más que verlos, la mayoría percibimos su presencia cuando notas cómo se te congela el alma. Te sientes paralizado, tus ojos ya no miran, tu boca ya no ríe y toda la expresión que puede transmitir una cara se borra de un plumazo como el viento borra una huella en la arena. Cuando los tenemos cerca, todos somos antifaz.
...
sábado, 6 de diciembre de 2008

El desayuno. LvhST-V.

Capítulo V. El desayuno.

La Señorita Tulp entró confusa y desorientada en la cafetería sin saber ni por dónde caminaba, sumida por completo en sus pensamientos, replegada sobre su alma sin echar cuenta al mundo que intentaba despertar a su alrededor en torno a una taza de café. De pronto, una cara diferente a todas las demás allí presentes, una cara que desentonaba por su expresión de alegría, de estar feliz aunque fueran las ocho de la mañana y un largo día de trabajo quedara aun por delante, la sacó de su ensimismamiento.
Sentada al fondo de la sala, bajo las verdes hojas de una maceta que colgaba del techo al más puro estilo andaluz, Miss Candy Candy le estaba regalando una sonrisa chocolatada de las que sólo ella sabe conceder. Era imposible mantenerse impasible... la Señorita Tulp no tuvo más remedio que reírse. Sin embargo, nadie más pareció darse cuenta de tan graciosa situación, ninguna de las demás personas que estaban allí con la mente puesta en sus quehaceres rutinarios fue capaz de olvidar por un momento sus problemas y dedicar una sonrisa a la mañana. La Señorita Tulp fue consciente de ello, pero tampoco se alarmó, pues lo que necesitaba en ese momento era centrar toda su atención en aquella persona que parecía que al fin iba a librarla de esa tristeza vital que últimamente la invadía. No recordaba haber conocido antes a esta joven singular, sin embargo, algo en su interior le parecía que la echaba mucho de menos... eran los restos de una Clarividencias mortecina que aún palpitaba débilmente resignándose a salir a la luz por haber comprendido que ahora era el turno la Señorita Tulp, la versión más completa y estable de sí misma.
A los pocos minutos, las dos ya se congratulaban como si fueran amigas de toda la vida. A la Señorita Tulp se le olvidó ese sentimiento de soledad que no la dejaba pensar en otra cosa, mientras Miss Candy Candy le contaba las historias de cuando metía la cabeza en la lavadora para gritar a pleno pulmón, insonorizando así toda su rabia contenida; de los concursos de pedos; de las posturas de decorticación y descerebración con algún chupito de más; de la noche en que besó a un sapo que resultó ser algo más que un príncipe encantado...
Tantas cosas, tantas historias eran las que podía contarle Miss Candy Candy para amenizar cada día, minuto, hora y segundo de su vida... Pero de pronto, algo le ocurrió a aquella joven de mirada dulce de grandes ojos azules, pues dejó a la Señorita Tulp sola dando carcajadas en medio de la cafetería y salió pitando dirección a los servicios de la planta baja del edificio de al lado. Lo siento, tengo una urgencia... me cago! Y con esas palabras desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
Fue entonces, cuando se quedó sola, ya feliz, con una sonrisa plena en los labios, cuando miró a su alrededor y se dio cuenta de la expresión de las caras que la rodeaban. Hombres de mirada cansada y triste. Jóvenes que llegaban arrastrando los pies y las ojeras para pedir un café solo que los mantuviera despiertos. Mujeres que lanzaban al aire miradas de odio porque otros se les adelantaban en la cola, haciéndoles perder más tiempo del necesario para ese momento improductivo del día.
miércoles, 3 de diciembre de 2008

Sentimientos Nuevos (LvhST-IV).

La verdadera historia de la Señorita Tulp (LvhST para abreviar).

Capítulo IV. Sentimientos nuevos.

Tras la desaparición definitiva de Clarividencias, la Señorita Tulp empezó a sentirse sola. Ahora sabía lo que sentía cualquier ser humano normal (quiero decir, sin desdoblamiento de su personalidad). Se sentía atrapada en un cuerpo en el que estaba sola y desde el cual miles de millones de billones de partículas de aire la separaban de aquel que estaba hablándole a medio metro. Hiciera lo que hiciese, por mucho que quisiera, nunca podría sentirse tan cerca de otro como lo había estado de Clarividencias. Pues ellas compartían el mismo alma, sin embargo, ahora sabía que el cuerpo (y no el alma) es lo único que se puede compartir con cualquier ser externo a tu propio yo en un intento por pasar a formar parte de él y que esto, además, en grado máximo, sólo puede lograrse con ciertas personas y de forma instantánea. Y esto no la consolaba en absoluto.
Sé que me estoy yendo por las ramas sin contar los verdaderos planes de la Señorita Tulp pues, como suponéis, ella vino al mundo para algo más que para ser mi amiga, no pensaréis que una transformación así se da todos los días y sin finalidad alguna. No creo que haga falta que diga que todo sucede por alguna razón. Sin embargo, con ese estado distímico depresivo, nuestra reciente amiga era incapaz de emprender su difícil Misión.
Todo esto cambió cuando conoció a la primera amiga que Clarividencias hizo al empezar sus estudios superiores, la que le había ayudado tantas veces a sonreír cuando, como la Señorita Tulp ahora, pasaba por un mal momento. Ella era... ¿no os la había nombrado antes? ¿Cómo se me ha podido pasar?! La única, la inigualable... la escatológica Miss Candy Candy.
martes, 2 de diciembre de 2008

Hasta el último pelo

He estado pensando seriamente a cerca de mis entradas. ¿Por qué casi todas están basadas en imaginaciones mías? Está claro, la razón es que fuera de las paredes de mi cuarto solitario tengo menos vida que una rata de alcantarilla. Bueno, también está la facultad. De casa a la facultad y de la facultad a casa... Qué horror. Luego está la rutina de los lunes y jueves, de casa al coro, del coro a casa. Y ya está. Algunos días práctico "puebling" y luego vuelta a empezar. Dicen que la vida de estudiante es la mejor y yo respondo: pues será la tuya. La vida del estudiante de medicina es casi un suplicio constante. No voy a decir que todo sean penas, a ver si os vais a pensar que estoy más amargada que un choco, que también tengo mis momentos de felicidad y disculpad por esta entrada, pero es que la dermatología es la asignatura más fea que me he podido echar a la cara y no sólo necesito huir de los apuntes sino que además necesito despotricar de ellos y de mi facultad y de mi carrera y de todo.
Al menos la semana pasada recibí una gran noticia, pues a la Señorita Tulp y a mí nos han concedido una beca para pasar un mes en Santander (de prácticas, claro, no creáis que vamos de balde). Así que allí estaremos en agosto dispuestas a hacer todas las historias clínicas que haga falta, pero eso sí, también a conocer aquella región tan bonita con sus chicarrones del norte incluidos, jeje.
A pesar de todo, he de decir que creo firmemente que la Medicina es un arte y, como arte, el mejor que existe. Pero por Dios, por Alá, por Harry Potter o por quien sea, que se acabe la carrera ya que yo lo que quiero es actividad!!!!!! Que no es que quiera abandonar esta vida de irresponsabilidad que nos caracteriza por ser pobres y dependientes de nuestros padres y por poder echar la culpa de nuestros errores a nuestra inmadurez e ignorancia de la vida, pero es que YO YA NO PUEDO ESTUDIAR MÁS! Si hay algo que tengo claro es que yo no nací para estar sentada en una silla cuatro o cinco o seis horas seguidas (mañana y tarde) mirando un papel, porque me muero, me mustio, me marchito! Mi cuerpo quiere marcha, movimiento, el ajetreo de la séptima planta, hasta el de urgencias!
Maldigo la dermatología en todas sus facetas. Prefiero hacer un tacto r*c**l (no quiero herir la sensibilidad de la comunidad no médica). Es la única rama que no es un arte. He dicho.

PD: con esta vida que llevo, así luego me pasa que me bebo una cerveza y se me va, se me va de las manos! xDD
sábado, 29 de noviembre de 2008

La verdadera historia de la Señorita Tulp. III

Capítulo III. El cuaderno de la Señorita Tulp.

Yo empecé a ser yo cuando aprendí a observar lo invisible. Qué ávido lector que se precie no se ha topado alguna vez con las palabras sutiles de Antoine de Saint-Exupéry que, en boca de un zorro ya domesticado, rezaban así “Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos”. Cuando yo las descubrí, su mensaje hizo una profunda mella en mi corazón humano y caló más y más hondo a medida que las iba digiriendo en mi cabeza. Como si se hubieran transformado en nutritiva glucosa para mis células, cada una de sus letras pasó a mi sangre y viajó por todo mi cuerpo, dejando una impronta principitesca por todos y cada uno de mis órganos y demás estructuras de mi anatomía.
Las consecuencias fueron totalmente inesperadas. No fue algo súbito, si no que ocurrió poco a poco, sin que nos diéramos cuenta. Digo “nos diéramos” porque desde aquel momento, nuestra personalidad empezó a sufrir un desdoblamiento, una división. Y la que antes sólo era Clarividencias, ahora, sin saberlo, también me llevaba dentro a mí. Ella no puede ser consciente pues, cuando mi temperamento aflora con todo su esplendor, el de Clarividencias se camufla, desparece… y pierde la conciencia de sí misma. Porque ya no es ella, si no que es yo... quiero decir... que soy yo. Ha pasado poco más de un mes desde que empezó el fenómeno de la transformación y de Clarividencias ya no queda apenas nada.
Obviamente no fui yo la que empezó con todo esto de “observar lo invisible”, puesto que aun ni siquiera existía. Fue Clarividencias quien, muy inteligentemente, se dio cuenta de las barreras casi impenetrables que, desde que nacemos, van poniendo delante de nuestros ojos para que no veamos las cosas como son, para engañarnos, para ofrecernos una realidad alterada, un “Show de Truman”, un “Matrix”, en definitiva, una mentira como una catedral de grande. Por eso, como bien dedujo Saint-Exupéry quizás ya mucho antes de escribir “El Principito”, la única forma posible de ver la realidad tal y como es, es con el corazón.
Al principio yo me preguntaba el por qué de esta transformación. ¿Por qué Clarividencias no puede seguir siendo Clarividencias y santas pascuas? ¿Por qué de pronto entro yo en escena sin comerlo ni beberlo? Y poco a poco fui hallando dentro mí la respuesta a mi propia pregunta. Clarividencias no podía seguir siendo ella porque le faltaba capacidad de actuación. Le faltaba ese pequeño empujoncito que a todos a veces nos hace falta, el paso que hay que dar para tomar la iniciativa. Y por eso, sí, por eso surgí yo, la Señorita Tulp.

Cuando acabé de leer miré a la muchacha que tenía delante y ya no sabía ni quién era. ¿Era mi amiga de siempre o era mi nueva amistad? Tampoco veía si sus ojos estaban tristes o alegres. Su cara era una mezcla de derrota y satisfacción, de salud y enfermedad. Finalmente, cogió el cuaderno de mis manos, me dio un beso en la mejilla y se marchó diciendo tan sólo "Quería que lo supieras".
Nunca más la volví a ver.

Continuará???
jueves, 27 de noviembre de 2008

La verdadera historia... II

Capítulo II. La confesión.

Nos sentamos al calor del braserito y, reconfortándonos con una deliciosa infusión de hierbas aromáticas de los campos frexnenses, Clarividencias empezó a contarme aquel secreto que la estaba consumiendo por dentro.

Creerás que estoy loca, pero es urgente que le cuente a alguien lo que me está pasando... lo que me va a pasar. No me hagas preguntas, no te las hagas a ti misma. Simplemente creéme.
Hace meses que me están ocurriendo cosas muy extrañas. No consigo dormir y, cuando lo hago, me despierto sin recordar nada de lo que he hecho antes de irme a la cama. Las lagunas de mi memoria cada vez son más grandes y, es más, nadie sabe decirme qué he hecho o dónde he estado justo en ese espacio de tiempo que no logro recordar. Me pesa el cuerpo, me siento cansada y, poco a poco, he ido sintiendo como si una extraña fuerza, un impulso espiritual, otra persona con un alma más firme y poderosa que la mía, se apoderase de mí. Cada vez que me despertaba después de uno de mis largos periodos de amnesia lacunar, notaba su presencia con más intensidad y cómo ésta se iba adueñando de mi vida sin que yo pudiera hacer nada. Miraba a mi alrededor y veía mis cosas cambiadas de sitio, mi armario lleno de ropa que desconocía, mis libros desordenados y mis fotos iban desapareciendo como si se las tragara la tierra.
Al principio, sospeché que se tratara de alguien que entraba en mi casa, me sedaba con algún tipo de hipnótico y jugaba a ser yo hasta que a mí se me pasaban los efectos del potente somnífero. Me había decidido a poner una cámara en mi cuarto las 24 horas del día, pero, por desgracia, me caí de la escalera de mano intentando fijar un cable al techo de la habitación (siento haberte contado que me caí en la ducha...). Como sabes, me lesioné la muñeca derecha y estuve casi dos semanas medianamente imposibilitada, pues soy diestra. Fue durante ese periodo en que no podía utilizar mi mano derecha y yo creía que tampoco me valía de nada la izquierda cuando al fin me di cuenta de lo que estaba pasando.
Me ocurría con frecuencia que, tras despertar sin saber qué había pasado ni dónde había estado horas o incluso días atrás, encontraba papeles escritos con notas, apuntes, relatos, ideas perfecctamente razonadas y redactadas... y con mi propia letra. Pero un tanto peculiar. Yo notaba una inclinación distinta, como si las palabras se postraran queriendo besar la línea horizontal del renglón.

Era la letra de mi mano izquierda, idéntica, calcada a la letra que ahora hacía al no poder utilizar la derecha. Pero yo era diestra, ni zurda ni ambidiestra, no, diestra. Nunca había podido escribir con la otra mano. ¿Por qué ahora sí?


Continuarááá...!!!
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