Todo le pasa a Paqui - III
El cielo estaba azul, pero las nubes eran de un color entre naranja y rosa. Era una hora perfecta para la reflexión. En aquellos viejos escalones llenos de verdín que bajaban del Puente de las Bolas a las azuladas aguas atlánticas de las que emergía Lanzarote, Paqui meditaba sentada qué hacer con su vida. En cierto modo maldecía el momento en que se le ocurrió largarse de casa dejando atrás todo lo que había tenido hasta entonces... pero es que no podía más. Quería a su familia, a sus amigos, pero estaba harta. No así. No allí. No a ese precio.
Así que una noche cogió su mochila azul, echó un modelito de recambio, bragas, calcetines y una foto de grupo. El móvil lo dejó apagado en el cajón. Sólo se despidió de su ordenador y de su perro y en la mesa de la salita dejó una nota que decía: Esto no es vida. Y con las mimas salió por la puerta y dejó atrás la calle estrecha de farolas amarillas y sombras tenebrosas que la había visto aprender a montar en bici y a saltar a la comba, a hacer el pino y dar su primer beso...
De todas formas, no se arrepentía de estar donde estaba. Le parecía un lugar mágico al que la había llevado el destino y donde seguía esperando a que ocurriera algo que le dijera qué tenía que hacer, sabía que sucedería, lo intuía... qué extraño.

Continuará...
