lunes, 25 de abril de 2011

Después de muchos días de sol

Después de muchos días de lluvia... Sol y nubes. La tierra y el cielo se dieron tregua pero sobre mi cabeza dos nubes enanas jugaban a burro, torito en alto, color-color y a que no me coges. Un pato vagabundo de estrellas cruzó su camino e intentando esquivarlo, las nubes enanas se dieron un cosco. De su golpe brotó una gota que viajó y viajó por el aire atravesando otras nubes y que, como bola de nieve, se fue haciendo más gorda en su descenso por el azul celeste. Pronto, empezó a ver suelo, valles, montañas, los prados verdes de primavera, la tierra blanca, Sierra Morena... campos, ciudades, pueblos, aldeas... y la gota recién nacida, sintió el precipicio seguro, irremediable e inmediato, como la puerta que se cierra violenta cuando hay corriente, y en mi cara, de un porrazo, impactó como si fuera llanto. Y yo, que bajaba del coche, que quería llorar y no me salía, aproveché y lloré y cuando llegó a mi boca, saqué la lengua y aquella gota me supo a sal.
jueves, 14 de abril de 2011

Niños y no tan niños

Por fin tengo mi placita. Mi soñada y deseada placita. Pero antes de contaros nada, antes de desvelarlo todo y meteros en la historia como os merecéis, os voy a dejar con un texto que ayer, cuando llegué del fatídico viaje de vuelta en bus y por fin me senté en mi trono (y no os diré cual), cayó en mis manos como por casualidad...

"En una ocasión me preguntaron por qué había tantos niños protagonistas en mis novelas. Mi respuesta fue sencilla. Para mí, el niño -dije- es un ser que encierra toda la gracia del mundo y tiene abiertas todas las posibilidades, es decir, puede serlo todo, mientras el hombre es un niño que ha perdido la gracia y ha reducido a una -el oficio que desempeña- sus posibilidades.


Con esta respuesta quería dar a entender que para mí, el niño, precisamente por la carga de misterio que arrastra, tiene mayor interés humano que el adulto, incluso para ser protagonista de una novela o de una película.

También se deduce de mi respuesta la importancia que yo doy a la elección de oficio, sea éste el de ebanista o arquitecto, escritor o marino, maestro o labrador. Seguramente es la elección de oficio la cuestión más importante con que vais a enfrentaros. Tan importante, que acertar con el oficio es acertar con la vida. La felicidad no consiste en ganar mucho dinero sino en que la tarea que se hace se haga con gusto. El día que cada niño, al llegar a hombre, pueda ser aquello que desea y para lo que está dotado habremos conseguido un mundo feliz. El niño no perderá su alegría al transformarse en hombre si ante el haz de oportunidades que se le ofrecen, acierta a elegir la buena, esto es, la adecuada a su manera de ser.

Claro es que para poder acertar debéis informaros antes de lo que es una cosa y de lo que es otra cosa. Formar a los niños debe ser un sucesivo despertar de curiosidades que luego, a lo largo de la vida, se irán saciando con la lectura y la experiencia. [...]"

Miguel Delibes. Mi mundo y el mundo.

Y ahí lo dejo. Nosotros ya hemos elegido. Unos hace una semana; otros hace tres días; yo ayer. Conozco a hombres que eligieron bien y en sus sesentaitantos siguen siendo niños que no perdieron su alegría. Sólo espero que nosotros, todos, mis amigos, mis amigas, los que en estos días hemos pasado por el Ministerio de Sanidad susurrando a unos extraños nuestros sueños al oído para que, como por magia, salieran en una pantalla y acabaran por cumplirse con sólo pulsar un botón, cerrando tal vez así ese proceso de transformación y convirtiéndonos de golpe en hombres y mujeres grandes, seamos felices con lo que quiera que hayamos decidido ser y que por nada, por nada del mundo mundial perdamos la alegría de los niños que nos trajeron hasta donde estamos.

Enhorabuena a todos y suerte con lo que viene después.
domingo, 10 de abril de 2011

Pueblerinos por el mundo

Aquí estoy, en la capital, en esta ciudad gigantesca de calles abarrotadas que es Madrid. No sé si será por el buen tiempo que hace, que saca a todo el mundo a la calle, pero lo cierto es que no recuerdo haber estado en otro sitio donde las calles estuvieran tan, tan, tan agobiantemente transitadas en un día cualquiera. Mientras circulo a patita intentando esquivar transeúntes y visionando a un lado y al otro y al frente edificios enormes y fuentes colosales, se me vienen a la cabeza los días de peregrinaje por los caminos gallegos, tan relajantes, tan armoniosos, donde las únicas construcciones que encontrábamos, aldeas y pueblecitos aparte, eran los mojones con la inscripción del kilómetro correspondiente y lo único que podía hacernos detener el paso, un rebaño de vacas atravesando el camino.
Llegué el viernes, me vine en bus en un viaje que rozó las siete horitas. Y para no dejar duda de quien soy y de donde vengo, en mi macuto, dos bocatas olorosos, uno de lomo y otro de queso de cabra, hechos con amor por mi buena madre, que a las siete de la mañana me revolvían las tripas, pero que a las doce me cayeron como agua de mayo y me devolvieron la vida. El glamour ya vendrá cuando tenga que venir.
Venía yo con mi libraco, del cual no me queda mucho y que pensé zanjaría en el camino, pero el señor autobusero tuvo a bien ponernos una película... y yo, que en principio no mostré mucho interés, entre otras cosas porque iba sentada delante (donde les gusta a las viejitas) y para ver la pantalla tenía que estrujar mis delicadas cervicales como si fueran un muelle, acabé atrapada en el transcurrir de la peli sin poder parar de reír, refugiada tras las carcajadas de mi compañera de asiento que, por suerte, era mucho más escandalosa que yo. Desde que amanece, apetece era el título (que, por cierto, me hizo sentir ausencias). Con Gabino Diego, Arturo Fernández y Loles León... Y yo, aparte de por lo cómico de la historia, no podía parar de reírme identificándome con Gabino, que era un pobre muchacho de un remoto pueblo asturiano al que sus padres mandaban a la capital con una empanada casera para que prosperara y se hiciera un hombre (y vamos si lo hizo...) y para dos o tres cosinas más.
Me imaginaba yo -que no sabía ni a dónde venía porque la amiga con la que me quedo iba a recogerme a la estación y no me había dicho ni dónde vivía- saliendo de una parada de metro en un barrio chungo y encontrándome en un Madrid que nada tenía que ver con el que me había imaginado, teniendo que llegar a las situaciones más disparatadas para poder permitirme seguir en la ciudad hasta el miércoles e ir al Ministerio a coger mi plaza. Y me descojonaba yo sola. Más aun si me venía alguna ráfaga de aire con aroma a queso o lomo...
Pero nada más lejos de la realidad, al llegar, la pequeña Judith me esperaba como siempre, monísima y charlando por su blackberry mientras se colocaba el flequillo. Me trajo a su casa de un barrio bonito, me acogió con hospitalidad (y no como Arturo Fernández a su pobre sobrino) y después de comer y con los pies en la mesa, ambas nos pintamos las uñas de manos y pies, para que tampoco me quedase duda a mí, por mucho que venga del pueblo (del mío y del suyo) de a dónde he venido a parar (y porque nunca se sabe con cual de los veinte dedos tendré que pulsar el botón).
Y después, a disfrutar Madrid, que la estancia es corta.


miércoles, 6 de abril de 2011

Dedos

Los actos de asignación ya comenzaron. En un Ministerio de Sanidad que yo todavía desconozco, un ordenador, supongo, con una tecla de intro como la de cualquier otro que saliera de la tienda, es pulsado cada x segundos de tal hora a tal hora por futuros especialistas de la medicina española. Unos irán más seguros, otros más temerosos... algunos todavía pueden permitirse el lujo de llegar tarde.

Mientras tanto, mientras ese intro es pulsado cada x segundos por un dedo diferente, ora uno tieso como una vela, ora uno blandengue como un flan, luego otro suave como el culo de un bebé o uno más sudoroso que un pollo... el resto, los rezagados, los que aun pasaremos unos diítas más en casa sin saber qué será de nosotros, dedicamos las mañanas y las tardes, desde el anonimato, a pulsar F5 casi siempre con el mismo apéndice articulado, una vez y otra. Y otra y otra y otra. Algunos temblando más que cualquiera de esos que le dan al intro. Con la pestaña del facebook al lado, comentando al instante la jugada.

Yo, la verdad, lo hago por puro entretenimiento... pero ya me estoy aburriendo. Sólo quiero que llegue mi día y cerrar por fin, con mi dedo, este capítulo interminable. Y dar comienzo a uno nuevo y mejor.
lunes, 28 de marzo de 2011

O camiño de Santiago

Cuando aun andábamos inmersos en aquellos días de preparación mir que se me hace que quedan tan lejos aunque no haya pasado ná y menos, y empezábamos a hablar de planes y escapadas, en algún momento la propuesta de hacer el camino flaqueó. Era difícil ponerse de acuerdo y tampoco teníamos muy claros nuestros compromisos para estos meses de la metamorfosis. Finalmente, aunque con algunas bajas, logramos ponerle fecha, comprar un vuelo, cuadrar las etapas y por fin partir.

Con éxito, hemos vuelto de ese viaje tan hermoso (y bello, y léase con acento argentino), para mí tan diferente de como lo imaginaba, infinitamente mejor de como una lo sueña. También puede ser que el nuestro haya sido un camino atípico, no sé... un camino con muy poquitos silencios, cubiertos a cada paso por el completo repertorio musical que puedan albergar cuatro cerebros del ochenta y seis (ruidos corporales aparte).

Un camiño bastante menos espiritual de lo que cabría esperar, llenito de humor (y de amor, claro), amenizado por el inigualable trío que caminaba conmigo, pues éramos un cuarteto y ahora que digo teto... doy con una palabra que se adapta mejor al tema de conversación de nuestro peregrinaje.

Y he vuelto enamoradita. De Galicia, de sus paisajes, su acento, de su caldo con sus grelos, de sus hombres y mujeres, de sus vacas, sus aldeas, de sus hórreos, de su queso, su marisco, de su cerveza y su vino, de su ambiente, de su encanto...


Enamorada y un poquito embrutecida, renegando de este mundo "civilizado" de las ciudades, de estas islas de edificios grandes y de centros comerciales que nos separan del verdadero planeta en que vivimos y nos empujan al abismo de una espiral engañosa de consumismo y deshumanización y nos empobrecen por dentro haciendo encima que nos creámos mejores y más listos y más cool y más chics... y perdón si me flipo un poco.

Pero es cierto, es lo que pienso, sé que hay ciudades preciosas donde viven todo tipo de personas, con edificios bonitos y museos llenos de obras geniales y muy valiosas, museos que siempre me acaban aburriendo, por cierto. En el campo, más allá de los límites de las calles y las casas, las genialidades son los árboles y los ríos y el canto de los pájaros y el aire con el olor de los eucaliptos, aun con ciertas bocanadas de aroma a estiércol. Visitarlos es gratis, dicho sea de paso.

Y no estoy diciendo yo nada nuevo, ya lo sé, que no quiero tirarme pegotes, sólo digo que se nos olvida, que se nos pasa por alto cuando, en nuestro día a día de la vida cotidiana, lo que nos rodea no es un ambiente verde e ideal, sino las calles de asfalto, los semáforos, los coches, el humo, el ruido... para mí muy fríos. Y nos dejamos llevar y yo me pregunto ¿es compatible el sacar rendimiento a lo uno y a lo otro? Porque yo soy la primera que por ahora no va a poder permitirse el abandonar la vida del ruido.

Nos sentimos, a veces, perseguidos, por compañías de teléfono, por anuncios, por spam, por el facebook, por el tuenti... nuestros datos y fotos están por todas partes y poco podemos hacer ya. Yo en estos días, sin móvil ni internet, me he sentido tan libre! Decir que deberíamos volver a vivir sin ellos es una locura, yo soy la primera que aquí estoy, comunicándome con vosotros a través de la red... pero joder, qué bien se estaba sabiendo que sólo me podrían localizar si usaba (yo) una cabina de teléfono, qué bien durmiendo la siesta en un prado, desconectada del mundo...

Sin duda, este viaje para mí ha sido uno de los mejores que he hecho y creo que nadie debería quedarse con las ganas de vivir una experiencia así. Yo ya pienso repetir! Y si puede ser desde más lejos.

Eso sí, para la próxima vez ya sé que los gallegos tienen un concepto de las distancias y el tiempo distinto al del resto de España y si te dicen que quedan dos kilómetros, échale cuatro y si calculan que llegas en media hora, la hora y media no te la quita nadie.

Puedo contar muchas más cosas, pero creo que ya me estoy enrollando... decir sólo que marzo me ha parecido la fecha más estupenda para hacer el camino, más si tenemos en cuenta el tiempo que nos ha hecho, jeje... qué afortunadas, no nos ha llovido ni un día, es más, hemos pasado calor, hemos cogido moreno y yo hasta he tomado el sol en bikini... bueno, no exactamente en bikini, porque no llevaba... Llegar a los albergues sin presión también es una gran ventaja de ir en este tiempo.

Pisar por fin Santiago es una sensación difícil de expresar, que en mi caso además se vio distorsionada por el infortunio de no haber desayunado. Divisar la catedral, abrazar al santo... descubrir que es muy difícil encontrar a alguien que te haga una foto decente...

Y disfrutar el último día en Santiago, ver atardecer desde un parque ambientado, pasear un rato hasta la alameda, dejarnos llevar por una gallega juerguista hasta el bar no precisamente más refinado con un agujero por báter y beber y emborracharnos y volver a tumbarnos en la Plaza de Obradoiro para comprobar que la catedral no sólo se nos venía encima, sino que nos daba mil vueltas y, por último, dormir la mona y hasta mañana, que será otro día y, al fin y al cabo, habrá que seguir caminando.



Os dejo con esta cancioncilla de sonsonete pegadizo.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Me voy

Mañana bien tempranito me voy ya para Sevilla y pasado , más pronto aun, partimos para Galicia a comenzar el Camino!! Siento no haber escrito antes, quería haber contado muchas cosas en estos días, pero al parecer, cuanto más tiempo libre tengo, menos le dedico ya al blog... ay! Contaros cosas como que el otro día estuve haciendo limpieza en un cajón de mi mesilla (sólo en uno!) y me encontré mil historias olvidadas ya, cartas de amor, fotos de hace años, secretos que ni sabía que tenía ahí metidos y hasta condones de los que regalaba cruz roja juventud y que soñaba con usar algún día... contaros que en ese cajón me reencontré con una yo de otros tiempos y me sorprendió bastante descubrir que me he olvidado de muchas cosas. Ese mismo día, después de organizar el cajón y reesconder fotos y escritos de mi puño y letra que sigo queriendo que nadie me encuentre pero que no soy capaz de tirar, discutí con mi padre comiendo como hacía cuando tenía quince años y le contesté hasta que ya mi voz no podía y tuve que dejar de comer y subirme a mi cuarto y esconderme en mi mundo... y volví a encontrarme a esa adolescente que tantas veces se topó con la barrera del cerebro de papá y subía las escaleras llorando y pegaba un portazo que sabía que lo cabrearía más todavía. Pero ya no lloré. Y es que hace mucho que no pasaba tanto tiempo en casa, y ociosa... y esto tenía que reventar por algún lado.
En estos días, he querido hablaros de mis largos paseos, que se vieron chafados por un ejército de nubes cargaditas de agua que hasta que no han descargado la ultimísima gota no se han ido. Pero hoy ha salido el sol y he dado el último paseo en la mejor compañía del mundo y nos hemos encontrado unos borricos preciosos y tenía yo unas fotos pero que muy hermosas, pero como estoy escribiendo esto metida en la cama, apurando mi último rato de ordenador antes de irme mañana y tengo la cámara ya en la mochila, lista para captar escenarios gallegos... pues no las voy a poner hoy.
También puedo contaros que tengo muchas, muchas ganas de comenzar por fin esta nueva aventura, de reencontrarme con las superwomen con quienes tendré el placer de ir, de pisar Galicia y por el caminito dejar mis huellas... como este Camino dejará huella en mí, cosa que no dudo.
Pues eso, que yo me voy, que me marcho, allá voy! Os dejo con los Cantares y os prometo que cuando vuelva contaré cositas de este viaje nuestro y que organizaré el otro cajón de la mesilla, con todo lo que esto conlleve. Un abrazo.



miércoles, 9 de marzo de 2011

Trnd España. Proyecto Purina One.

Desde hace unas semanas estoy colaborando en un proyecto gracias a la comunidad trnd, que permite a sus miembros participar de forma activa en la prueba de productos y servicios nuevos y darlos a conocer. El proyecto en cuestión consiste en probar la comida de perro Purina One, no comérmela yo, que os veo las ideas, sino dársela a probar a mi perro y darla a conocer entre mis amigos y conocidos que gozan también de la compañía de un fiel can. De esta manera, mediante informes y cuestionarios que yo he de mandar a trnd, ellos sabrán las opiniones de los consumidores (bueno, vale, de los dueños de los consumidores en este caso) y las ventajas o inconvenientes que podamos verle al producto.
Así pues, aparte de informarles a ellos directamente, voy a contaros algo también por aquí. Lo cierto es que a Tana y a Ochi, a quienes ya conocéis, les ha gustado bastante el pienso de Purina One. Tana corre con mucha vitalidad, como siempre, pero su pelo luce quizás más bonito y brillante... En cuanto a Ochi, yo creo que su melena es indomable coma lo que coma, pero la verdad es que ahora tiene el pelo bastante suave. Es verdad que sus heces se han vuelto más compactas (hay que decir que Tana no era de hacer unas cacas como para tener que recogerlas con la bolsita en medio de la calle...).
En definitiva, creo que al final a las dos les ha gustado el cambio y por lo que sé, cambiar de pienso tampoco es algo que les guste mucho a los perros... Nada más. A los amigos bloggeros con perro y que suelo ver, os tengo guardada vuestra parte, eh, y espero que me ayudéis a seguir con el proyecto trnd. Y a los que ya os la he dado, espero que lo estéis aprovechando y me contéis qué tal.
Si queréis saber más, podéis hacerlo pinchando aquí.
Ah, dejo unas fotos perrunas, que sabéis que me encanta.

Tana devorando el pienso de Purina One

Ochi olisqueando la comida

Ochi... perdóname... xD

Tana curiosa

Y esto es todo, amigos!
viernes, 4 de marzo de 2011

Paseos

Cada mañana me despierto y pienso... qué bien, ya pasó. Y me parece mentira que haya pasado también más de un mes.


Un mes sin estudiar.
Un mes de vacaciones.
Merecidas.
Benditas, soñadas, ultradeseadas.
Un mes de relax.


Esta semana he comenzado la Operación Camino y me he metido para el cuerpo unos buenos pocos de kilómetros para ir despertando músculos. He gozado algunos días de una grata compañía, aunque ayer se me dio de baja... Y hoy, cuando se ha marchado, no me han quedado más que Ochi y Tana, que son un buen par... Os dejo estas fotos y un video, a ver qué os parecen. Por cierto, que he mandado dos fotos al tiempo de tve, a ver si me ponen alguna dentro de un rato :) Lo que es estar ociosa... jejeeee.

No me digáis que no mola...




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