domingo, 24 de mayo de 2009

Recuerdos

Cuentos de amor y desesperación

VI

Por dónde empezar, se preguntaba Francisco. Tumbado sobre el cuero pegajoso del diván, le tranquilizaba la idea de que el Dr. Azufaifo siempre esperaba en silencio hasta que él se decidiera a hablar. Había pasado una semana terrible, lleno de remordimiento y de angustia, sin ser capaz de dar el paso para volver al lugar donde ya en su más tierna infancia tuvo que ser tratado por el Dr. Azufaifo, el psiquiatra más loco de la ciudad. Ahora, sin embargo, se alegraba de haber ido. Al fin y al cabo, el doctor era una persona de confianza con quien se sentía seguro y, en cierto modo, inocente.

Cerró los ojos y empezó a viajar en su memoria hasta donde hacía mucho que no llegaba... El patio del colegio se dibujó en su mente, los columpios, la fuente, las pistas, las canastas, los demás niños...

Solista: ¡Jaaaaa! ¿Habéis visto a Paquito? ¡Qué pedazo de maricaa, lleva bragas como si fuera una niñaa!

Coro: ¡Jaaaaa, Francisco es mariquiiita, Francisco es mariquiiita!

Y era cierto (que llevaba bragas, no que fuera gay). Hubo un tiempo en que la famlia de Francisco tuvo que hacer algunos sacrificios por verse sin un real en los bolsillos y fue entonces cuando a Francisco, el octavo después de siete hermanas, hembras todas, le tocó heredar las bragas de las mismas en lugar de unos tristes calzoncillos que tampoco le hubieran costado mucho a su mamá... pero así estaban las cosas! Cuando los demás niños se enteraron... bueno, ya os lo podéis imaginar. Aquello fue traumático para el diminuto Paquito, que sólo contaba ocho años, y fue entonces cuando empezó su cruzada anti-bragas que le llevó incluso hasta el diván de un psiquiatra.

Avergonzado de sus propios recuerdos, la calma que había sentido al principio desapareció, de nuevo sintió calores, sequedad de boca y flojera de punto, y las orejas se le pusieron rojas como tomates. No pudo soportarlo. Se levantó de inmediato y, sin mirar al doctor a los ojos, dijo:
- No lo volveré a hacer, se lo prometo.

Y, con las mismas, se fue.

6 que dejaron huella:

Drea dijo...

Ey! Voté antes de leer este capítulo. Pobrecillo!! Y además es que los niños, ya se sabe, la inocencia es relativa, porque son mogollón de crueles...

Nina dijo...

Vistos los derroteros que está tomando esta historia,ninguno de los trastornos que tienes en tu lista me parecen adecuados para tu protagonista.
Lo suyo es un claro deseo de venganza hacia su mami por hacerle esa faena al pobrecillo en su infancia. ¡A quién se le ocurre!...

Isabella Gispert dijo...

Ains... pobrecito Francisco... si algún trauma infantil tenía que tener... a ver como acaba la historia

Almendra Puck dijo...

Jejeje, Drea, y ahora quieres cambiar tu voto? creo que se puede, de todas formas no significa que el pobre Francisquito tenga ninguno de esos trastornos realmente... es sólo pa darle emoción xD

Nina, ya ves, pero a veces las madres hacen esas cosas, a mí una vez me colocaron unos calzoncillos de mi primo porque me caí en la nieve y me mojé... y no me sentí mu bien, jajajaja.

Isabella, ya tienes ganas de que acabe la historia?!! Ay que ver, no me metas prisas, que todavía tienen que pasar... cosas... muahahahahahaha

budadorado dijo...

conociendome un poco sabrás q he votado jijijijiji m encanta tu encuesta!está genial el momento coro y solista!aparecerá ese solista en el futuro dl ladron d bragas o será una voz sin rostro xa los lectores?tan tan taaaaan

Almendra Puck dijo...

jejejeje, me lo imagino... como puedes suponer, el momento coro tiene también su puesta en escena, imagínate, se abre el telón y aparece Francisquito en el medio, el solista a un lado y todos los demás alrededor con dedo y brazo estirado y flexionando una y otra vez al ritmo de la música...... xDD qué cruel :S

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