martes, 4 de enero de 2011

La bellota durmiente (II)


En la encina de la fuente del deseo donde mi madre no quiere que vaya había una bellota que pasaba del mundo y estaba todo el día sobando, así que sus compañeras de rama la bautizaron "la bellota durmiente". Era gorda y bien bonita y el gorrito le quedaba niquelao, pero era una diva pasiva y a ella poco le importaba esto. Desde las alturas, todas miraban el suelo con miedo al día en que cayeran, temiendo ser devoradas por el hocico feroz de un cochino ehtremeño. Pero la bellota pasota nunca miró hacia abajo, ella siempre se mantuvo serena con la vista en verdes hojas, disfrutando de su vida de altura sin pensar en el momento en que el rabito de su gorro se separase de su árbol madre para siempre.
Una noche, un coche negro, brillante, precioso, que pasaba por una carretera cercana, fue a parar al lugar. La pareja ocupante, atraída irresistiblemente por el misterioso foco receptoemisor de energía sexual que se hallaba en la dehesa, se desvió de su trayecto y acabó dando rienda suelta a sus pasiones bajo las ramas belloteras de la encina centenaria. Y, no sabemos por qué, fue tanta la intensidad con que aquellos cuerpos forasteros se encontraron, que del coche negro brillante salieron fuegos artificiales, bandadas de golondrinas, notas musicales y hasta bancos de peces. Tembló el suelo, se resquebrajó la tierra, y allí donde todas las semisemillas humanas después de siglos y siglos habían ido a confluir, con el batir de las ramas, fue a caer la bellota durmiente, mientras que todas las demás cayeron sobre tierra firme donde tarde o temprano serían devoradas por fieros cochinos.
En aquel pozo de esperma, la bellota se encontró a gusto, no temió en ningún momento, se afincó, se acomodó, se echó a dormir dulcemente y dejó que la tierra la cubriera, que el agua la penetrara, se llenó de sus nutrientes y acabó echando raíces... Años más tarde, se convirtió en una encina robusta al otro lado de la fuente, desde donde sus ramas crecen y crecen para abrazarse a las de su árbol madre y para ocultar al viajero que como un autómata se desvía del camino a defogar pasiones. A día de hoy, ya ha empezado a dar sus frutos, todos ellos con formas insinuantes y voluptuosas, pero que nunca dejarán de ser ricas, alegres y tiernas bellotas nacidas en los campos de la ardiente Ehtremaura.


7 que dejaron huella:

BudaDorado dijo...

MUY BONITO!
y hago un esfuerzo sobrehumano en no asociar el coche negro a ninguno conocido, ejem.

Nina dijo...

¡Ay, estas dehesas nuestras!
¡Testigos mudos de tantos amores y amoríos!...
Bonita historia, Almendrita.
Un beso.

Almendra Puck dijo...

Haz el esfuerzo Buda, que este coche es totalmente forastero y además, ni siquiera estoy segura de que fuera negro, puede que fuese sólo el efecto de la luna lunera.

Nina, si es que tiene que haber cada historia...

Drea dijo...

Es impresionante la imaginación que tienes y la gracia con la que cuentas las cosas. Sigue así porque eres brutal.

Almendra Puck dijo...

Es más bien imaginancia y es un mal agudo que no siempre me acompaña, pues para manifestarse necesita de la inspirancia, que va y viene, viene y va... Me alegro de que te guste :)

Aniña dijo...

jo es precioso el texto me ha encatado. feliz noche de reyes magica y que te recompensen como mereces, con mas magia y todo lo que desees.
besitos

Almendra Puck dijo...

Gracias Aniña, ciertamente me han recompensado, los Reyes son así!

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