lunes, 22 de septiembre de 2008

Tarde de toros


¡Ayer fui a los toros! Y no es que a mí me apasione el mundo de la tauromaquia, pero la verdad, disfruté como una enana.

Empezaré por el principio de los tiempos: en Fregenal estamos de Feria. Cuenta mi humilde pueblo con una plaza de toros preciosa y antigua incluida dentro del Castillo templario junto a la iglesia de Sta. María de la Plaza y rodeada pues de almenas y torrecitas y de la mismísima Torre del Homenaje. Tras un tiempo sin toros, el Empresario (cómo suena, eh?) ha vuelto a apostar por un buen cartel en el que El Cordobés, Francisco Rivera y César Jiménez posaban con su mejor sonrisa. Y como mi padre quería ir y mi madre no quería acompañarlo y, por otro lado, mis amigos estaban todos destrozaos del día anterior y nadie se animaba a salir conmigo, pues allá q me fui con mi padre a los toros.

Salí de casa enfadada con mi madre porque me obligó a llevarme una bolsa con (atención): un cojín xa q no me doliera el culo de estar sentada en las gradas; un paraguas, por si llovía; una bolsa de gublins que pescó x allí y, lo mejor, un bocadillo de salchichón por si nos entraba hambre. Y todavía ella se enfadó conmigo porque no cogí una rebeca por si hacía frío y xq me fui con tacones y me podía matar x las gradas.

Allá que llegamos a la plaza, yo con mi bolsa a reventar en la mano y buscamos un sitio x la sombra (mismo precio q al sol y donde acabó haciendo frío... y yo sin rebeca, sí). Ni que decir tiene q casi me mato con los tacones intentando no pisar ancianitos hasta llegar al sitio q mi padre había seleccionado.

Yo no entiendo de toros, de toreros ni de tecnicimos del asunto, así que no voy a hacer aquí un comentario profesional de la corrida de ayer. Pero puedo hablar de lo que mis ojos vieron y de lo que sentí como una expectadora más. Puedo hablar del revuelo general que se percibe en los primeros instantes cuando sale el toro por la puerta enfurecido como la bestia que es y de la ilusión q se palpa en el ambiente esperando lo mejor de él y del torero. Puedo decir que disfruté viendo cómo el tal César Jiménez se movía con una elegancia que más bien parecía que estaba desfilando en la cibeles delante de un toro. Os puedo asegurar que sonreí con la sonrisa del Cordobés y con su gracia y simpatía y que se me encogió el corazón cuando el toro le pasaba más cerca de la cuenta.

Del que no os puedo decir nada es de Francisco Rivera, porque no vino. En su lugar pusieron a un apuesto muchachito de menos edad que la mía llamado Daniel Luque. Éste sonreía poco, pero tenía un coraje que le salía por las orejas. Hablando de orejas, al final le dieron las dos.

Por supuesto, a la media hora yo ya estaba con el cojín a la espalda y abriendo el bocadillo... después de comerme los gublins, claro. Todos los que estábamos por mi zona nos hartamos de reír cuando un hombre mayor empezó a gritar con una voz de ultratumba y la lengua medio de trapo "Muérelo, muérelo ya hombreee!!!" y todos diciendo muérelooooo!!! Un rato más tarde, mientras todo el mundo atendía enfrascado en los movimientos del capote, el mismo hombre nos hace perder el hilo cuando exclama "La Vigen, si me cayeran ahora dos huevos fritos y un cacho chorizo!". Mientras nos reíamos de pronto me sentí como si estuviera vivendo un momento de hace muchos años, de otra época y de otra vida... un momento como en blanco y negro. Con el pasodoble de la banda de música, con las risas entre ole y ole, con la ilusión de los viejos (aunque tb de los niños)... todo me pareció muy entrañable, pero...

De pronto se hace el silencio. El torero hace dos o tres pases y se levanta una nube de polvo que parece pasar página... apunta, calcula, mide, reza y... zas! le hunde la espada en el cuerpo. Daniel Luque se enfada con la cuadrilla porque empiezan a marear al toro y él quiere que éste se caiga sin más delante de su cara mientras él lo apunta con el dedo. Pero qué pena, Daniel, q no seas Dios, el toro no se va a morir xq tú lo apuntes con el dedo, se muere después de un rato de que presumas de tu arrogancia porque se está desangrando. Y, en silencio, todos presenciamos la muerte del toro, el animal enérgico que salió directo del cajón hecho una fiera, ahora derrotado bajo la mirada suficiente del torero y sepultado entre los aplausos y vítores de individuos de nuestra especie. Y le dan las dos orejas. Y yo reconozco que ir con mi padre a los toros no tiene precio y que me hace sentir la ilusión que él siente cuando el capote acaricia la arena y hace ondas con el viento. Y me río cuando le tiran al Corobés una gallina y éste la coge al vuelo. Y me emociono cuando los sacan a hombros por la puerta grande de nuestra humilde plaza... pero no todas van a ser de cal, amigos del toro... mientras las mulas arrastran al toro con la lengua fuera y su cadáver va dejando una rastro de sangre que da la vuelta al ruedo, yo me pregunto ¿quién es el animal?

3 que dejaron huella:

budadorado dijo...

toma yaaaaaaa!!! me gusta, me gusta. pobre toro.
aqui habra opiniones xa todo xo al final termina (casi) siempre igual, una pena.

Charada dijo...

oh!!!!bienvenida al mundo costumbrista!!yo defiendo más a los toreros que a los toros, pero es que la plaza impresiona y mucho!!!!
la pregunta que me hago es ¿no le dijiste al hombre que se dice mátalo????????jajajajja
y tienes fotos de ese hecho histórico????

Clarividencias dijo...

Pobre toro...Deberían haber arrastrao al Luque ese, "mecagoento" cómo odio la "fiesta nacional".

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