martes, 25 de noviembre de 2008

La verdadera historia de la Señorita Tulp. I

Capítulo I.

Yo no contaría esta historia si no estuviera autorizada para hacerlo. Y créanme que lo estoy, es más, casi me veo en la obligación. La razón es muy sencilla y es que la protagonista de la misma es una amiga de confianza. Amiga que un día me desveló un gran secreto... y es que no era una, sino dos. Sí, sí, habéis entendido bien, he querido decir que realmente no es que fuera sólo una persona, sino que eran dos, es decir, que esta historia, como cualquiera, no tiene sólo una protagonista... sino DOS! Bueno, dos... en UNA! Un poco lioso, lo sé, mas no os alarméis, todo se irá aclarando.

La Señorita Tulp llegó una fría mañana de invierno. Nadie la conocía. En ningún lugar. Era como un recién nacido, un nuevo ser. Pero hecha ya una mujer. Obviamente, yo tampoco sabía nada de ella, ni quién era, ni por qué apareció en mi vida con sus extrañas ideas... pero tardé sólo unos segundos en darme cuenta de que era un genio. No un genio de lámpara de pie ni de mesilla de noche, no, un genio genial, una persona sabia, astuta, rebosante de cosas buenas. Tenía justo lo que el mundo necesitaba en los tiempos que corrían... y eso era PELIGROSO. Ella tenía inteligencia, capacidad de actuación y bondad. También carisma y esa chispa que engancha al expectador. Empática, defensora de las causas justas, muy amiga de sus amigos... y con más enemigos de los que debería.
Pero remontémonos tiempo atrás. Antes de que la Señorita Tulp apareciera en mi vida, mi compañera de camino, mi amiga de confianza, Clarividencias, compartía conmigo todos los momentos que su ajetreada vida le permitía. Echábamos buenos ratos, con Buda, con Charada... y siempre nos divertíamos, aunque estuviésemos estudiando en la biblioteca. Nos conocimos en primero, cuando empezamos a estudiar en la Universidad. Y yo sabía bien cómo era, la conocía... o eso creía. Clarividencias siempre había sido un poco rara, por qué no decirlo, diferente a la mayoría, una persona excepcional. Era alegre y risueña y en sus ojos siempre brillaba una chispa de ilusión por todo lo que se traía entre manos. Pero de pronto, algo debió cambiar en su vida. Pasaban largos periodos de tiempo sin que apareciera por clase y, cuando lo hacía, venía cambiada, pálida y triste, sin la chispa en la mirada. Parecía que llevaba días sin dormir, qué digo días, semanas! Yo le hablaba sin parar de lo que habíamos dado en su ausencia, le contaba anécdotas y fiestas que se había perdido y, sobre todo, le hablaba mucho de la Señorita Tulp. Estaba deseando presentársela pero, curiosamente, siempre que Clarividencias aparecía por clase, faltaba la Señorita Tulp. Yo sabía que se iban a caer bien... eran muy parecidas!

Sin embargo, no sabía la sorpresa que me estaba esperando a la vuelta de la esquina. Algunos meses más tarde, Clarividencias vino muy preocupada a hablar conmigo. "Tengo que contarte algo. Es un secreto. Un secreto muy importante". Yo no sabía qué decirle, así que me quedé callada y, simplemente, la escuché.


To be continued!!

6 que dejaron huella:

Señorita Tulp dijo...

Esta va a ser una de tus grandes historias, ¡¡¡lo presiento!!! Qué ilusión! Gracias por ser genial!!!!!!!

budadorado dijo...

muy buena almendrita

Almendra Puck dijo...

A ver cómo sigue!

Ambar dijo...

Hola Almendra!!
Esta muy bien, al principio creia que era de verdad y todo... esta muy bien y ya puedes aztualizar pronto porque me he quedado con la pregunta en la cabeza""¿¿Que pasara??""
Contiua mañana...porfavor...juas juas juas
Muchisimos besos!! para la escritora!! juas juas juas

Almendra Puck dijo...

Me alegro de que te guste, Ámbar. La verdad es que al principio no ibas desencaminada, pues esta historia, como todas, tiene su dosis de realidad, aunque claro, también lleva un gran componente ficticio para darle más emoción!! jejeje. A ver si puedo actualizar hoy! 1beso :)

Charada dijo...

jo, qué guay!!!!!pero por qué siempre cortas en lo mejor???jaja

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