lunes, 22 de diciembre de 2008

A los pies de la montaña.

Os preguntaréis que para qué he estado escribiendo sobre Foncho si mañana empezaré otra historia sin que ni siquiera os haya quedado muy claro de qué iba todo esto del guardián de la montaña... Pues bien, os contaré a qué venía.
Hubo un tiempo en que yo me encontraba perdida, no geográficamente, no es que no supiera dónde estaba... sino que más bien no encontraba mi lugar. Tenía la sensación de que los pilares que sostenían mi vida se habían ido derrumbando y ahora estaba flotando en el aire peligrosamente como flota un dibujito animado cuando va corriendo a toda pastilla y justo se pasa un poco del precipcio... permanece unos segundos flotando en el aire, intenta mover los pies, pero no hay desplazamiento y en breve se desploma y se pierde en el vacío perseguido por un grito que suena cada vez más apagado. Pues así me sentía yo, esperando la caída inminente.
Como nada me importaba ya, me eché a andar. Caminé, caminé y llegué a los pies de una montaña muy alta (como las que salen en las fotos de raticos inolvidables) y pensé "Si subo allí, a lo más alto, iré sintiendo poco a poco la vida de la montaña bajo mis pies... al fin no estaré perdida, recuperaré mi suelo y además éste no será tan frío ni tan inerte como el del asfalto".

1 que dejaron huella:

Señorita Tulp dijo...

ay mi almendraaa !! yo te cojo si tu te caes, vale?? :) y me apunto a subir a la montaña santanderina contigo

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