sábado, 20 de marzo de 2010

Declaración


Un nuevo día daba comienzo en la Sevilla coplera. Apenas con los primeros rayos, el Coplero ya volvía de cumplir los encargos de la Porrúa del lugar donde los hortelanos descargaban sus carretas llenas de un tesoro verde y fresco con matices rojos y naranjas. Regresaba cargado a la humilde frutería de la calle Feria, donde la Aurori estaría ya dispuesta para abrir el puesto. Por el camino se iba acordando de aquellos jueves en los que solía pasar por dicha calle para ir a ver a su madre, La Lunaritoh, a la Macarena. Recordaba cómo disfrutaba del paseo viendo el mercadillo de reliquias, algunas de ellas para tirarlas, otras con encanto, muy pocas aun servibles para algo... Ahora todos esos objetos lucían en las casas con toda la naturalidad del mundo, aun nuevos y útiles, desconociendo que en un futuro, oxidados y llenos de polvo, serían expuestos bajo el sol asfixiante de Sevilla en el suelo de aquella misma calle.



Como cada mañana, la Aurori y el Coplero colocaban juntos fruta y hortaliza en los cajones de los estantes. Algunos los sacaban a la calle para atraer más al cliente, pero tenían que vigilar con suma atención, pues en los tiempos que corrían a cualquiera se le iba la mano para echarse una papa al bolsillo. Por aquello de su reencuentro con los gitanos, la Aurori estaba hoy más en la luna que nunca.

"Venga ya, Aurori, cómo no te vah a podé enamorá, deha ya de darle güertah muhé, que eso no puede sé, que tú ereh bien guapa y grasiosa", le decía el Coplero mientras reponía las peras, sin levantar la vista, con miedo de encontrarse con su mirada y empezar a atropellarse con las palabras. Ella apenas le escuchaba. "Coplero, te lo agradehco, pero tú ya sabeh que no, que eso no puede sé. Dehde que la gitana me echó er mal de oho soy otra muhé, no tengo ganah de ná, yo, que era lo máh alegre de mi casa, ahora no tengo ni hambre, no quiero salí de la cama, no puedo ni tarareá lah cansioneh de doña Concha mientrah pelo una patata..." Mientras, el Coplero piensa, "Tú sí que me quitah a mí el hambre, niña, que no puedo mah que pensá en esos'oho, en esa boca, to lah horah que tiene er día..." y a ella le dice en alto "Chiquilla, que no digah eso..."

"Ademáh -dice la Aurori-, de quién voy a enamorarme yo, si me paso ahquí to er día enclauhtrá, de ti?"

Y al fin, touché. El estómago se le hizo un nudo, se le doblaron las piernas y el cajón de fruta que acababa de coger fue a parar directo al suelo. Nerviosos, no fuese a aparecer por la puerta la Porrúa y presenciara el desastre, los dos se agacharon corriendo para poner todo en orden. Casualidades de la vida, ambos fueron a agarrar el mismo plátano... La mano callosa de nuestro amigo fue a rozar la mano pequeña y suave de la Aurorita y, sin soltar el plátano, ambos levantaron las cabezas, confluyendo sus miradas. "¿Por qué no?", dijo el Coplero.

El creyó que se moría... Ella que le daba algo... Los dos soltaron el plátano y siguieron recogiendo cada uno por su lado. Durante un rato ninguno medió palabra, hasta que la joven decidió romper el hielo.

"Yo creía que tú erah..."

"Pueh no..."

Y ahí quedó todo. Y en los siguientes días, todo fue esquivarse y contestar con evasivas. Y el Coplero, cada vez más triste, se iba consumiendo en vida, estaba ya en los huesos, recordaba al Cigarra, caminaba sin rumbo, se emborrachaba a menudo... y siempre cantando así:


6 que dejaron huella:

BudaDorado dijo...

oyoyoyoyoy.q sutil con el platano en la mano...

mariajesusparadela dijo...

Sí, almendra, pudiste poner una manzana, como la del paraíso...

Almendra Puck dijo...

Me parecía más pecador el plátano, jaja

Señorita Tulp dijo...

jajaja yo voto por el platano, o una banana jajaja me ha encantao el momento

Almendra Puck dijo...

Estaba pensado para ti, jaja.

Charada dijo...

oh!!!!!!!ya empieza la tensión!!!!!!!pobrecitos, huyendo el uno del otro...

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