lunes, 29 de marzo de 2010

En una esquina cualquiera

XIII

"El día que nací yo
qué planeta reinaría,
por dondequiera que voy
que mala estrella me guía...
"

Así entonaba el Coplero de vuelta a casa, borracho perdido, cuando empezaba a anochecer. Había estado en una tasca llena de viejos verdes que le habían insultado y humillado por su apariencia amanerada y él, ni corto ni perezoso, con la lengua desatada por el vino, les había dicho que venía del futuro y que en la Sevilla del dos mil y pico los hombres hasta se podían casar entre ellos y que, aunque él no era homosexual, no le importaba parecerlo porque era como él era y punto pelota. Como supondréis, se rieron de él casi hasta orinarse encima. Aunque había un hombre al final de la barra, un señor callado con mirada interesante que bebía una copa de coñac, al que, no sabemos por qué, no le hacía tanta gracia.

Esa misma mañana había vuelto a hablar con la Aurorita después de más de una semana. Ésta le había contado lo que le pasó cuando fue a ver a los gitanos. Le contó lo de los mulos, lo de la hoguera y la fiesta y cómo de repente se congeló el tiempo y todo se quedó inmóvil menos la Carmen, que se apiadó de ella e intentó ayudarla, aunque lo único que le dijo fue que la clave para deshacer su maleficio estaba en la fe...

"En la fe, me dice, a mí, que me he criao en una familia de republicanoh ateoh que no creemoh mah que en er segundo que ehtamoh viviendo. Se pensaría esa que me iba a meté yo a monja pa que enamorarme ya no fuera un problema, amoh a vé que te parece... la fe..."

Ya casi estaba llegando a su casa cuando, de pronto, una voz dulce y angelical, pero coplera y gitana al mismo tiempo, la más bonita que el Coplero hubiera escuchado jamás, le tomó el relevo y siguió con la letra...

Estrella de plata,

la que más reluce,

¿Por qué me llevas por este calvario...
llenito de cruces?

El Coplero se detuvo. Una mujer bien escotada cantaba mirándole desde una esquina. ¿Ereh la gran Imperio Argentina? -articuló como pudo-. La ramera se echó a reir haciendo botar sus tentadoras tetas. "Qué más quisiera, hijo. Soy la que no tiene nombre, la que a nadie le interesa... pero soy la dama de la plaza de Molviedro, para servirle" .

Era obvio que aquella mujer de dama tenía más bien poco. ¿Pero -se preguntó el Coplero- por qué no aceptar sus servicios ya que se los había ofrecido? ¿Acaso no era él un hombre como le había dicho a los de la taberna? ¿Acaso no podía él cumplir como se merece y satisfacer sus necesidades, ya que la Aurori no lo quería? ¡¿Acaso no tenía derecho a saber lo que se siente al fundir su cuerpo con el de una hembra?! "Claro que sí, tú puedeh haserlo Coplero, al ataquerrr!". Y con esas palabras se autoconvenció y desapareció calle abajo con aquella fresca sin nombre, la perdición de los hombres, la que miente cuando besa... con esa.



CONTINUARÁ

6 que dejaron huella:

BudaDorado dijo...

oyoyoyoy q el coplero se nos hace un hombre!ella iba cn una fald d lentejuelas?ajajaja
x cierto, yo x supuesto tengo mis teorias sobre la fe

Almendra Puck dijo...

Tú crees q se hará un hombre? Yo todavía lo dudo. Se admiten tus teorías sobre la fe, pero por vía no blogger. El pobre Coplero está mu preocupao con el ateísmo de la Aurori...

BudaDorado dijo...

tranqui, q aunq lo supiera nolo estropearia al resto dl publico! hombre, si ha tenido una buena educacion sexual se lo pensaria dos veces antes de hacer nada, q en esos tiempos uno todavia podia pillar hasta la tbc!

mariajesusparadela dijo...

Lo de "al ataquer" me recordó a Chiquito de la Calzada... volverá atrás.

Charada dijo...

oh!!!!un ataque hormonal contado así tiene su encanto!!!!y lo de Aurori,yo tambiñén tengo teorías que te contaré en capitulos próximos!!que hay que esperar a ver si recupera su fe en el amor por si misma!!

Señorita Tulp dijo...

como vulgarmente se dice, por fin la va a meter en caliente

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