lunes, 16 de agosto de 2010

Lejos

Aterrizamos en un planeta a años luz de nuestra galaxia, la nave viajaba rapidísimo, así que sólo tardamos veinte minutos. El planeta resultó estar lleno de puestos de hippies que vendían bolsos de cuero y pendientes de plata al peso y hacían tatuajes y agujeros en los pezones, entre otras localizaciones, por un módico precio. Me acerqué a uno y me alegré al escuchar la voz de Chico Ocaña, vocalista de los Mártires del Compás, más cascada que de costumbre al provenir de una cinta grabada de la radio puesta en un radiocasette a pilas. Cantaba aquello de dicen que un árbol no es un bosque, ni una casa es una calle, ni un amor es el amor... pero tú eres el árbol de mi bosque, la casa de mi calle y el amor de mi corazón...
Estaba yo disfrutando tanto con el paseo por el mercadillo y con la música de los mártires, que me sobresalté cuando el piloto diminuto que me había traído hasta tan remoto lugar me tiró de la falda para captar mi atención. Miré hacia abajo y al instante miré hacia arriba, pues el niño venía de la mano de un hombre muy alto. Ezte zeñor ez mi abuelo. Ze ha enfadado por haberme llevado la nave. Me resultó un poco raro que aquel apuesto galán fuera su abuelo, pues debía de tener mi edad, así que, aunque me fastidió enormemente que me estropeara el momento, decidí seguirles.

4 que dejaron huella:

Charada dijo...

veo que estás dedicada en cuerpo y alma al estudio del dichoso balance hidro noséqué...almendrita,sigue hablando de este planeta y de galanes apuestos con nietos, please!!

mariajesusparadela dijo...

Me encanta, me encanta, me encanta.

BudaDorado dijo...

pero q bien!un galan extraterrestre!esta historia no va a tener ninguna etiqueta ni titulo?es la historia del balance hidrosalino sin estudiar?

Drea dijo...

Voy con retraso pero me lo estoy leyendo entero. Me está gustando y estoy intrigada :) (como siempre)

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