domingo, 17 de enero de 2010

La desinreindesintegración

Parte 2 de 2.

Sentí horror, sí, no os lo niego, pero se fue como vino cuando vi las manos humanas que habían de convertirme en alimento. Eran las manos de mi madre, tan pequeñas y tan grandes, tan suaves, tan curtidas, tan cálidas pero tan frías... porque ¡ay! cuando sus dedos se hundieron en la masa que era yo, estaban frías como el agua que en invierno sale del grifo de mi casa.

Las croquetas de mi madre, las más ricas del planeta, ¿cómo iba a estar yo triste si iba a ser fruto del amor de su cocina? Con cariño me envolvió y me dio forma para luego echarme a un plato con huevo batido. Qué fresquito y qué suave... lo llamé huevoterapia. Fue como jugar en un charco sin miedo a mancharme la ropa o a coger un resfriado.

Acabó el baño de huevo y vino el de pan rallado. Insoportables cosquillas, tanto que casi hacían daño, creí que moriría de risa... Me acordé de Charada y sus aventuras en la playa, pero yo no pude hacer el ángel por carecer de los miembros necesarios para la hazaña.

Y al fin aquí estoy, amigos... ahora soy una Croqueta lista ya para inmolarse :)



5 que dejaron huella:

Charada dijo...

la huevoterapia?????jajajjajajajajjajajajjajajaja lo poer, querida croqueta, seguro que fue cuando te pasaron por el pan rallado...eso pica!! =)

Farfalla Dimora dijo...

Tia, se te va la olla de una manera que da miedo...

Almendra Puck dijo...

Charada, que no, que hacía cosquillas!!

Amiga Farfalla, después de tu ausencia vuelves sólo para decirme que estoy loca, no? jajaja, sal ya de tu agujero, que nos tienes abandonados.

Drea dijo...

Jajaja, lo de no poder hacer el ángel, lo que más me ha gustado.

Almendra Puck dijo...

jijiji

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